Hashraá y la Cabalá del Baal Shem Tov

Hashraá y la
Cabalá del Baal Shem Tov
 
El último concepto que cita rabi Isaac del Tania, es el de hashraá. Es un término difícil de traducir. Su raíz es shara ("sumergir"), que implica una infiltración persuasiva de un elemento o fuerza superior dentro de otro inferior. Es usado comunmente en referencia a la Shejiná, la Presencia universal de Di-s dentro del reino creado. De esta manera la hemos identificado con el concepto de omnipresencia Divina.
 
El término hashraá es también usado en el sentido vernáculo de "inspiración", implicando una fuerza infinita que abarca la propia realidad, y eleva al individuo a un plano trascendente que de otra manera le sería inaccesible. Por ejemplo, la inspiración que a veces deriva de sumergirse regularmente dentro la presencia de un gran tzadik es tal, que la persona puede en ciertos casos adquirir alguna de las capacidades del tzadik, a pesar de que él sigue siendo en esencia el individuo "pequeño" que era antes.
 
La dimensión del pensamiento cabalístico que nos presenta el Baal Shem Tov, nos permite una completa apreciación de la omnipresencia de Di-s dentro de la Creación. A pesar de que el concepto de la inmanencia de Di-s en la realidad siempre fue un punto central dentro de la cabalá, las implicancias de este concepto y la extensión que le dió el Baal Shem Tov, aportan una revelación completamente nueva. De acuerdo con el Baal Shem Tov, inmanencia Divina implica una equivalencia directa entre Di-s y todos los otros niveles de realidad, como está expresado por el aforismo jasídico: "Todo es Di-s y Di-s es todo". El entendimiento apropiado de esta idea, en especial en cuanto a su diferencia con el panteísmo, representa el supremo conocimiento que debe ser logrado previo a la era del Mashiaj.
 
La presunción de una realidad estratificada, ya sea como una jerarquía estática (como fue descripta por el Ramac), o dinámicamente interactiva, (como la describió el Arí), es intuida por mentes finitas que están imposibilitadas de comprender la verdadera naturaleza de la existencia. De todas maneras, aunque ambos sistemas (los del Ramac y el Arí) juegan un rol importante en el aumento de nuestra captación del elemento Divino en la Creación, son sólo mojones en el camino hacia una conciencia completamente liberada, capaz de ver a Di-s en cada parte de la realidad, y así ser un testigo de Su absoluta exclusividad de Ser.
 
De aquí que el Baal Shem Tov no se refiere con frecuencia al tema del guilgul, la noción de realidades superpuestas, dando lugar al reconocimiento de Di-s permeando toda la realidad por igual, que es la esencia de hashraá. El comprender que cada ser individual está incluido dentro de un ser superior, infinito y colectivo, hace que la histórica consideración de guilgulei neshamot sea virtualmente irrelevante. A medida que los judíos se vuelven más concientes a través del tiempo, de su pertenencia a un ser colectivo Divino, hace que cambien su enfoque restringido sólamente a su propia individualidad, hacia lo concerniente a la gama de identidades que conforman una comunidad o nación. Esta tendencia es expresada en el deseo de reclamar la patria colectiva del pueblo judío, y reestablecer allí el ritmo de una existencia compartida, en diálogo con lo Divino.
 
Así, el aspecto de hashraá introducido por el Baal Shem Tov, representa la dimensión final del pensamiento cabalístico, que debe revelarse antes de la llegada del Mashiaj. Todos los aspectos de la cabalá son ahora entendidos en términos de esta revelación, aunque dentro del contexto de los conceptos que le precedieron, a través de los sistemas del Ramac y el Arí.
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