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Meditaciones Jasídicas para el Mes de Shevat | Vídeos


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Parte 6: Las Emociones del Corazón y los Días de la Creación

En la Cabalá, los seis lados del cubo corresponden a las seis emociones del corazón. El origen de estas seis emociones se encuentra en los seis atributos divinos ( sefirot ); “Bondad” ( jesed ), “fuerza” ( guevurá ), “belleza” ( Tiferet ), “victoria” ( netzaj ), “acción de gracias” (Hod  ), y “fundación” ( Yesod ) . Cada uno de estos seis posee una luz interior o experiencia del alma: “amor” ( ahavah ), “miedo” ( yirah ), “misericordia” ( rachamim ), “confianza” (bitajón ), “sinceridad” ( temimut ), “verdad” “Y ( emet), respectivamente. Estos corresponden a los seis lados del cubo de la siguiente manera:

Atributo divino Experiencia interna Dirección
bondad amorosa amor Correcto
podría temor izquierda
belleza misericordia frente
victoria confianza encima
acción de gracias sinceridad abajo
Fundación verdad atrás

Las seis emociones del corazón, en el orden indicado anteriormente, corresponden a los seis días de la creación. En el primer día, Dios creó la luz con “amor”; en el segundo día, creó el firmamento para separar lo más alto de las aguas más bajas, con “miedo”. La vida en general aparece por primera vez en el tercer día de la creación, el día que corresponde al atributo divino de “misericordia” y la dirección del frente. La luz trascendente de Di-s  y Su luz inmanente están simbolizadas como “sol” y “luna”. Se crearon en el cuarto día, el día que corresponde al  atributo divino  de “ victoria “.  En el quinto día, el día correspondiente a el atributo divino  de “acción de gracias”, Dios creó los peces y las aves. Adán fue creado en el sexto día, correspondiente al atributo Divino  de “fundación  ; él representa el “sello de la verdad” de Dios con respecto a toda la creación que precedió.

Parte 30: El es el Lugar del Mundo

El es el Lugar del Mundo

Como conclusión, para apreciar con mayor profundidad la naturaleza dinámica de nuestro espacio Divino meditativo, nos referiremos al concepto de espacio en si.

Hablándole a Moisés, Di-s dice:

Mira, hay un lugar [lit. “espacio”] conMigo.

Nuestros sabios interpretan esta declaración como:

“El es el lugar del mundo, el mundo no es Su lugar”.

Mas aún, nuestros sabios utilizan la palabra “espacio” (makom) para denotar a Di-s mismo, el Omnipresente.

Por el contrario, encontramos en cabalá que antes de la creación del universo, sólo existía la luz infinita de Di-s, sin dejar lugar para la existencia de los mundos creados. Para comenzar el proceso creativo, Di-s “contrajo” Su luz infinita, creando así un espacio libre para que existan lo que iban a ser las realidades creadas.

Entonces, podemos identificar a Di-s mismo, el Omnipresente, como el “espacio superior”, en contraste con el aparente vacío o “útero” en el cual tiene lugar la creación, el espacio inferior”. En particular, cada uno de estos “espacios” posee dos dimensiones:

El espacio superior, Divino, puede referirse a la esencia misma de Di-s o a Su luz trascendente que acompaña a toda la creación. En cabalá, Su luz trascendente es identificada con su voluntad de crear, también conocida como Su “Nombre”, que precede a la creación (como declaran nuestros sabios: “antes de que el mundo fuera creado, existía solo El Santo, bendito Sea, y Su gran Nombre).

El espacio inferior incluye el vacío aparente de la creación y el “rayo” de energía creativa Divina que permea el vacío, la luz inmanente de Di-s.

Cuatro Niveles de Experiencia

En nuestro servicio Divino, experimentar la omnipresencia de la esencia misma de Di-s, es experimentar la verdad definitiva y absoluta de que sólo Di-s existe, “no hay otro aparte de El”, comprender que somos nada.

Experimentar Su luz trascendente, Su voluntad de crear (abarcando siempre todo punto de la realidad), es la vivencia de la infinita bondad de Di-s y cómo toda la creación no es más que una expresión de Su voluntad de ser bueno para todo y todos.
Experimentar su luz inmanente es vivenciar Su providencia Divina en cada faceta de la vida.

Experimentar el aparente vacío en el cual tiene lugar la creación es experimentar la distancia existencial que nos separa del Creador, aparentemente ausente, y esforzarse en “descubrir” Su presencia y acercarse a El.
¿Por qué Di-s creo el espacio? El más bajo de los cuatro niveles descriptos arriba fue creado para hacer un espacio para la existencia de un otro. Aquí, espacio significa separación.

El siguiente nivel de espacio, por encima del anterior, da lugar a las relaciones y la preocupación sincera hacia los demás. En él, el espacio es experimentado como un continuo de partículas de fuerza elementales, como grabitones, que unen la realidad.
Ya por encima de este, el espacio es la unión de lo creado con el Creador con amor absoluto.

Finalmente, el espacio no es más que la esencia del propio Creador.
Estos cuatro niveles de espacio, dos “ocultos” y dos “revelados”, corresponden a las cuatro letras del Nombre esencial de Di-s: Havaia.

En resumen:

 

En la realidad

En el servicio Divino

iud

La esencia de Di-s

“no hay nada más que El”

hei

Su luz trascendente, Su voluntad de crear

La unión de las criaturas en el amor del Creador

vav

El “rayo” de energía creativa Divina; Su luz inmanente

Relación y preocupación sincera por uno (Di-s) y por el otro (el hombre)

hei

El aparente vacío o “útero” de la creación “separación”

alejamiento existencial de Di-s

Al meditar sobre el espacio que nos rodea, visualizando e integrando dentro de nuestra conciencia los seis mandamientos continuos de la Torá como parámetros del espacio, nuestra percepción del espacio mismo se expande y se eleva de nivel en nivel. De sentirse alejado de Di-s, la “distancia” espacial se va convirtiendo lenta pero seguramente en una experiencia de gravitación espontánea hacia Di-s, rodeándose con el abrazo de Su amor y, en definitiva, volviéndose verdaderamente uno con El, la única existencia verdeadera.

 

 

Parte 29: La Ceremonia de Casamiento

La Ceremonia de Casamiento

Los profetas describen metafóricamente al pueblo judío entrando a la Tierra de Israel, ascendiendo en ella de nivel en nivel hasta llegar al Sancta Sanctorum, como la unión marital del pueblo judío (el novio) con la tierra (la novia). En toda ceremonia de casamiento podemos identificar seis niveles de ascenso:

1. El compromiso del novio y la novia (tnaim o vort) es como la entrada a la Tierra de Israel en general. Uno deja de pensar en otras mujeres, es decir en otras posibilidades, concentrándose solamente en su novia (bershert).

2. Antes de la ceremonia nupcial, los invitados reciben a los novios (kabalat panim). Se toman grandes recaudos para que estos no se vean entre si (es la culminación de la semana anterior al casamiento, en la cual la pareja evita verse). En este punto sus “dominios” separados, son semejantes a las ciudades separadas y amuralladas de Israel; la intención no se concentra en la pareja sino en Di-s, el tercer socio del matrimonio, “invitando” al Creador junto con los justos de las generaciones pasadas a participar de la boda y bendecir al novio y la novia.

3. Luego, el novio se dirige a colocar el velo sobre el rostro de la novia (badeken), elevándola hacia si y, simultáneamente, al ocultar su rostro, produciendo en ambos un aura de temor reverente (“a la vergüenza”, el mas alto nivel de temor). Esto es como entrar a la ciudad de Jerusalem.

4. Luego, bajo el palio nupcial, la novia camina en círculos siete veces alrededor del novio (hakafot). Esto se asemeja a la costumbre de circunvalar el monte del Templo, alrededor del Santuario. Aquí, la novia despierta un amor enorme, infinito por su novio, que despierta a su vez, “como [al mirar en] el agua, el rostro refleja el rostro, así el corazón se refleja en el otro”, el gran amor del novio por su novia.

5. La verdadera santificación de la novia por parte del novio (kidushin) se produce al entrar el Templo en sí. Espiritualmente, la pareja se vuelve uno.

6. A continuación ingresan al cuarto privado (ijud). Esto es entrar al Sancta Sanctorum, donde Di-s, el tercer socio del matrimonio, y la pareja consuman la unidad. Aquí se revela el absoluto “Yo soy el que soy”.

Parte 28: Seis Niveles Ascendentes de Santidad

Seis Niveles Ascendentes de Santidad

Nuestros sabios hablan de diez niveles ascendentes de santidad que Di-s creó en el mundo. Comienzan por la santidad de la Tierra de Israel, ascendiendo hasta la cámara más interna del Templo, el Sancta Sanctorum. De los diez, se destacan en particular (y pueden ser considerados como una unidad integral de seis niveles ascendentes de santidad):

1. La Tierra de Israel
2. las ciudades amuralladas de Israel
3. la ciudad de Jerusalem
4. el monte del Templo
5. el Templo
6. El Sancta Sanctorum

En la meditación, debemos imaginarnos ascendiendo de nivel en nivel. Estos seis niveles corresponden a los seis mandamientos continuos de la Torá. Ascendemos a la cúspide de la conciencia del Espacio Divino que nos rodea, apoyándonos en un estado desinteresado de plegaria en el Sancta Sanctorum, como el Sumo Sacerdote en Iom Kipur, y luego comenzamos a experimentar que nuestra conciencia se expande hasta abarcar toda la Tierra de Israel y el universo entero:

1. Se le ordeno al pueblo judío, al entrar a la Tierra de Israel, purificarla primero de toda idolatría. Esta es la purificación del suelo propio, la dirección de abajo, correspondiente al segundo de los Diez Mandamientos.

2. Las ciudades amuralladas de Israel son asentamientos protegidos de la invasión extranjera. En el alma, corresponde a tomar conciencia del mandamiento de proteger nuestra mente de pensamientos foráneos y negativos.

3. En cabalá y jasidut, el nombre “Jerusalem” ( Ierushalaim ) se puede leer como “temor reverencial consumado” ( sheleimut hairah ). Anteriormente, Malkizedek había llamado “Shalem” a la ciudad, que significa “completa”; Abraham la llamo irah , “temor”. La palabra Jerusalem está compuesta por ambos conceptos. Esto corresponde claramente al mandamiento de temer a Di-s.

4. Abraham le preguntó a Di-s acerca del monte del Templo, refiriéndose al lugar donde el Templo se construiría con el término “montaña”. En cabalá y jasidut, “montaña” simboliza un gran amor, el atributo Divino personificado por Abraham. Por lo tanto, esto alude al mandamiento de amar a Di-s.

5. Iaacov llamó a este lugar “casa”, y este es su nombre para siempre. Dentro del Templo, el alma judía experimenta la unidad absoluta de Di-s. Uno alcanza el nivel de conciencia asociado con el alma de Iaacov-Israel, el mandamiento de unificar a Di-s: “Oye, Oh Israel, Di-s es nuestro Di-s, Di-s es Uno”.

6. En el Sancta Sanctorum está revelada la esencia misma de Di-s. Por encima incluso de su Nombre Havaiá (que unificamos con Su Nombre Elokim al proclamar “Oye, Oh Israel…) se encuentra Su esencia misma, expresada por la primera palabra de los Diez Mandamientos: Anoji , “Yo [soy]” (por encima de Di-s tu Di-s”, como ya explicamos). Aquí, la esencia central del primer mandamiento, aferrada por la fe simple y perfecta de cada judío, trasciende incluso el conocimiento del mandamiento de orientación relativamente intelectual: “Oye [es decir ‘entiende’], Oh Israel…”.

Parte 27: La Conciencia en Eterna Expansión

La Conciencia en Eterna Expansión

Meditar es Construir

En hebreo, la palabra “meditación”, hitbonenut , está relacionada con la raíz verbal “construir”, baneh . Una vez que ha sido construida una estructura mental y los conceptos han sido comprendidos correctamente, el método clásico para “hacer” la meditación es reflexionar en ella antes de la plegaria matutina, tratando de sentir la relevancia de los conceptos en nuestra vida personal. Luego, durante la plegaria, uno debe tratar de sentir o contactar la Divinidad impregnando los conceptos, es decir, usándolos como un método de realzar nuestra relación “cara a cara” con Di-s, en eterno desarrollo y revelación.

Pero un edificio consiste en más que una estructura o esqueleto, en definitiva, la meditación consiste en agregar una capa sobre otra de “relleno”, que sirven para reforzar y decorar el contorno básico. Cada nivel de meditación agrega, a su manera, al potencial global de la meditación y a la apreciación de su asombrosa belleza que por supuesto implica una apreciación superior de la belleza de la Tora en sí, que es el modelo Divino de la creación en todo su esplendor sirviendo ambos a incrementar el potencial que tiene la meditación para repercutir en el alma, la mente y nuestra vida en general.

La Jerusalem del Futuro

Está dicho de la Jerusalem del futuro:

Jerusalem será una ciudad sin muros… Y Yo Mismo, declara Di-s, seré un muro de fuego a su alrededor y seré la gloria en su interior.

En principio aparenta como que Jerusalem será “una ciudad sin muros”, porque ningún muro podrá contener su contenido y porque no habrá necesidad de muros de protección, pero luego Di-s declara que El Mismo será el “muro de fuego” de Jerusalem. La enseñanza es clara: los muros materiales serán substituidos por muros Divinos; Jerusalem se volverá un Espacio Divino, con Di-s alrededor y Di-s en su interior.

El “muro de fuego” Divino no es estático ni estacionario, está vivo eternamente y siempre en expansión. “Jerusalem se expandirá en el fututo hasta cubrir toda la tierra de Israel y la tierra de Israel se expandirá hasta cubrir el mundo entero”. La naturaleza del Espacio Divino es a la vez definir perfectamente los límites de nuestra conciencia y simultáneamente causa que nuestra conciencia se expanda hasta contener el cosmos Divino entero. A este fenómeno se refieren nuestros sabios como “una herencia ilimitada”, basada en la promesa de Di-s a Iacob:

Y te expandirás hacia el oeste, el este, el norte y el sur.

Parte 26: El Punto Interior

El Punto Interior

En los términos de nuestro modelo espacial, esta mitzvá es el punto de la autoconciencia situado en el medio del cubo de seis lados de conciencia Divina delineado anteriormente. En relación con las otras seis mitzvot , la plegaria es el punto geométrico central del cubo, la experiencia de estar “dentro” de la conciencia Divina mientras que no se ha sido absorbido totalmente en ella.

La plegaria, tal como la hemos definido aquí, es la máxima expresión de la fe judía. El judío tiene fe en que al sacrificar su estado de conciencia “particular”, despierta la satisfacción Divina, como si fuera, en la creación de la realidad finita, cuyo objetivo es, en definitiva, la revelación del Infinito absoluto dentro de lo finito. De acuerdo con esto, el versículo citado en la entrega anterior puede ser leído: “Y [todo mi] ‘yo’ [es decir, mi entera existencia] soy plegaria”.

Hay varias dimensiones progresivas en esta revelación.

La fe supra racional en Di-s que tiene el judío (como herencia de sus ancestros) es una revelación del Infinito dentro de lo finito: la mente finita reconoce o “siente” el Infinito. Pero como este es aún abstracto, no está integrado dentro de lo finito por esta fe. Esto fue hecho posible sólo con la entrega de la Torá. A través del estudio de la Torá la mente puede “captar” el Infinito y una vez captado por ella, esta experiencia puede ser filtrada hacia las facetas emocionales y de comportamiento de la vida. Pero el Infinito todavía no es evidente en el cuerpo y el mundo físico.

Esto se logra con el cumplimiento de las mitzvot y será revelado sólo con el advenimiento del Mashíaj, la Resurrección de los Muertos y el subsecuente Mundo por Venir.

Este es el significado de la declaración del Midrash: “El Santo, bendito Sea, deseó tener una morada en la realidad inferior”, es decir, la Creación será consumada cuando la Divinidad sea revelada dentro de lo material en sí.

Así, cuando el judío dice “yo estoy rezando”, está afirmando su creencia en la revelación Divina del futuro y expresando su deseo por contribuir con su parte a la meta final de toda la creación.

Para resumir los siete mandamientos delineados anteriormente (los seis mandamientos continuos de la Torá y el séptimo que trata de serlo, la plegaria):

 

arriba

Creer en la existencia y providencia de Di-s

creencia

abajo

no creer que hay otros dioses

sinceridad

frente

creer en la unicidad de Di-s

misericordia

derecha

meditación en temas que conduzcan a amar a Di-s

amor

izquierda

meditación en temas que conduzcan al temor a Di-s

temor

atrás

Proteger la mente de pensamientos negativos

verdad

adentro

plegaria

humildad

Parte 25: Plegaria

Plegaria

La Plegaria – El Séptimo Mandamiento

Hemos construido ahora un espacio meditativo donde nos experimentamos moviéndonos en todo momento, es decir, una conciencia de espacio-tiempo Divino. Definiendo nuestra conciencia en términos de los seis mandamientos continuos de la Torá, como se delineó antes, nuestra mente será capaz de asimilar todos los estímulos que afecten nuestros sentidos de la forma más adecuada y conducente a una vida sagrada y productiva. Sin embargo, hay un séptimo mandamiento que, aunque no está definido en la Torá como continuo, “se esfuerza” por serlo: la plegaria.

Cuán a Menudo Debemos Rezar

La Torá ha especificado pautas sobre cuán a menudo rezar. Es interesante destacar el desarrollo de estas pautas. De acuerdo a muchas autoridades halágicas , la plegaria no se cuenta dentro de los 613 mandamientos escritos en la Torá. Por el contrario, otras autoridades afirman que de hecho, uno de los 613 mandamientos de la Torá es rezar a Di-s, pero esta obligación se aplica cuando nos encontramos ante un problema o necesidad. Otros sostienen que la Torá escrita requiere de nosotros rezar diariamente.

La Torá oral y la costumbre judía, sin embargo, amplían la obligación de rezar a tres veces diarias para el hombre y dos para la mujer. Finalmente, los sabios del Talmud expresan su sentimiento: “Que cada uno pudiera rezar el día entero, continuamente”.

En esta declaración, los sabios expresan el estado ideal de plegaria continua. Así, vemos que el servicio de la plegaria progresa, como un mandamiento explícito, en un estado de cero-a-infinito: es el “estado suspendido” de “volverse” una mitzvá continua, un componente full time de la conciencia judía. (En términos matemáticos, es un “proceso límite”, la aproximación a un estado de continuum). De esta manera el servicio de la plegaria “aspira”, por así decirlo, a ser uno de los mandamientos continuos de la Torá.

Trascender el Autoconocimiento

El significado de esto es el siguiente: Incluso la conciencia producida viviendo en el espacio meditativo descripto arriba, por más refinada e ideal que pueda ser, sigue siendo conciencia de uno mismo . Seguimos estando concientes de nosotros mismos mientras transitamos por nuestro espacio Divino definido. Sin embargo, nuestro estado del ser último es estar tan conciente de la dependencia absoluta que tiene la realidad respecto de la Divinidad que palpita a través de ella, que perdemos la percepción del ser en general, estando por el contrario sólo concientes de “cosas” (incluyendo a nosotros) que son distintas manifestaciones de la Divinidad.

Mientras que no hayamos alcanzado este nivel de conciencia, que sigamos siendo seres “separados”, permaneceremos concientes de nuestra nulidad existencial ( shiflut ) y deberemos “rezar” –ofrecer a Di-s- la concientización que fuimos capaces de crear en nuestro espacio meditativo. De acuerdo con el Talmud, la plegaria corresponde a (y es la dimensión interior de) el servicio de los sacrificios del templo. En la plegaria, nos ofrendamos, ofrendamos nuestro “yo”. El rey David declara: “…y yo soy plegaria”.

Esto puede ser leido “y mi “yo” es mi ofrenda [al rezar]”.

Parte 24: El Ocaso

Adelante” y “atrás” corresponden al este y el oeste, simbolizando el amanecer y el ocaso en la conciencia del alma. A medida que nuestro “amanecer” –nuestra claridad de mente- se eleva en el horizonte de nuestra conciencia, unifica a Di-s, el misericordioso Creador del universo: “Oye, Israel…”. La expresión hebrea para “ocaso” es literalmente “la llegada del sol”, aludiendo al secreto en cabalá de la unión marital de la sefirá de iesod –atrás o oeste- con la de maljut.

Maljut es referida como “la Shejiná” (la “Presencia Divina”), de la que está dicho “la Divina Presencia está en el oeste”. En el próximo capítulo veremos que maljut corresponde a la plegaria, nuestra realidad espiritual interior viviendo en el espacio Divino. En particular, el atrás o oeste, que es la mitzvá de guardar nuestra mente de permanecer siempre fiel a nuestro conyuge, se une con la mitzvá de rezar. Por esta razón se nos enseña que “la hora de la plegaria es la hora de la batalla”, la batalla en contra de los pensamientos foráneos que intentan bombardear nuestra mente especialmente en ese momento.

Si somos realmente devotos de Di-s, desearemos que nuestras vidas sean productivas o “potentes”. En vez de derrochar nuestra energía y talentos, malgastándolos en cosas que no agregan nada –o incluso quitan- al conocimiento general de Di-s en el mundo, aspiraremos a imbuir nuestras acciones con un propósito cierto, conducirlas a realizar el deseo de nuestro Amado y a aumentar el conocimiento de Di-s en el mundo. Esto es lo pecaminoso de las tentaciones foráneas, que no permiten que la vida sea verdaderamente productiva.

El Orden de las Mitzvot

Hemos presentado las mitzvot siguiendo su orden lógico en términos de su relación causa-efecto, como ya hemos notado:

1. Primero tomamos conocimiento de que Di-s existe.

2. Esto lleva a negar toda otra seudodivinidad.

3. Una vez hecho esto, vemos a Di-s en todo (y como todo).

4. Esto lleva a amar a Di-s.

5. Nuestro amor nos lleva a temer separarnos de El.

6. Temor que a su vez nos inspira a defendernos de influencias que nos distraigan o confundan.

Parte 23: Lealtad

Lealtad

Atrás está el mandamiento: “Y no seguirás tras tu corazón y tras tus ojos…”

Esta es la mitzvá de guardar nuestra mente de pensamientos y deseos extraños, es decir, arrogantes o lujuriosos. Estos tienen el efecto de desviar nuestra atención de Di-s y confundir nuestras prioridades. Si uno ha cumplido los primeros cinco mandamientos como lo hemos descripto, se esforzará por proteger de la disolución a su preciosa relación con Di-s.

El Sello de la Verdad

Este mandamiento es el “sello de la verdad” ( emet ) respecto de los cinco anteriores, la medida real de nuestra relación con Di-s. Este sello afirma que todos nuestros placeres y deseos están permeados por la voluntad Divina, que hemos tratado de comprender como el espacio que nos rodea. La raíz de la palabra “verdad” en hebreo significa “lealtad”. El “sello de la verdad” connota en cabalá la sefirá de iesod , que corresponde en el cuerpo al órgano reproductor, como ya se mencionó. En este caso, somos leales (“verdaderos”) con nuestro cónyuge. En nuestra relación con Di-s, nuestro novio “Divino”, nuestros deseos y placeres están permeados por Su voluntad y están dirigidos sólo a Él. “El justo es el fundamento [ iesod ] del mundo”. El justo de cada generación, “el [pilar] de la generación”, es como Adán antes del pecado. Fue creado en el sexto día y representa el “sello de verdad” con respecto a toda la creación que le precedió. “Verdad” es darse cuenta que se alcanzó la meta, el propósito de la creación, el hombre, el justo, el que es capaz de revelar a Di-s en el mundo.

Inicialmente, el hombre es el “inconciente” oculto de la creación, su “atrás” inicial. Adán y Eva fueron creados como mellizos siameses, con Eva en la espalda de Adán. Así como Eva es el lado inconciente inicial de Adán, éste es en general (la Torá denomina a ambos como “Adán”), el inconciente inicial del mundo, su razón de ser . Son muchos los versículos de la Torá que hablan de servir a Di-s como “ir tras [‘detrás de’] El”, aludiendo al sexto mandamiento continuo de la Torá “y no seguirán tras sus corazones y tras sus ojos…”, con lo cual ameritamos ir tras Di-s con perfecta lealtad.

Además, esta mitzvá incluye el requerimiento de no buscar a Di-s en “caminos” que no sean los senderos de la Torá. Aunque ellos pueden incitar al que busca con promesas de una excitante o más inmediata gratificación espiritual, si permanece fiel a sus ideales, enfocará su mente y su corazón solamente en Di-s de la manera en que El se hizo “disponible”, por así decirlo, a través de los “caminos” o el estilo de vida de la Torá. Entonces, la Torá nos enseña cómo afrontar el desafío de hallar a Di-s en todos los aspectos de la realidad.

Protejer la Espalda

Como el enemigo prefiere atacar por la “espalda”, es decir, trata de sorprendernos desprevenidos, este mandamiento está ubicado “detrás” de la conciencia, como un campo de fuerza protector de fondo. Más aún, “adelante” y “atrás” indican a menudo en cabalá ”lo deseado” y “lo indeseado” (o “menos deseado”), respectivamente. Si uno cumple los primeros cinco mandamientos, está seguro en el sexto que las tentaciones extrañas de este mundo estarán realmente “detrás de él”, motivo por el cual el versículo será “Y no irás tras [literalmente “detrás de”] tu corazón y tras [“detrás de”] tus ojos”.