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Cuatro Niveles en la Relación de Pareja

Psicología Judía – Torat Hanefesh – Psicología Judía Cursos

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Parte 40: Mashiaj: El Verdadero Psicólogo

Mashiaj: El Verdadero Psicólogo

En el final del libro de Job, Di-s mismo le habla y despliega frente a él todos los misterios de la creación. Por haber padecido ansiedad se hace meritorio de la revelación de todos los secretos de la Torá; sus sufrimientos lo llevaron a un estado de conciencia plena de la grandeza de Di-s y la insignificancia humana. El final de este proceso se rememora en el libro de Eclesiastes (12:13): “Al final de la cuestión, todo ha sido escuchado ya, temer a Di-s y cuidar sus preceptos, porque para esto es todo hombre”.

Los cinco socios del diálogo de Job (sus tres amigos, Eliahu y Di-s) corresponden y expresan los cinco niveles del alma descriptos en la cabalá y el jasidismo. Los tres amigos corresponden a los tres niveles del alma que están investidos en el cuerpo (y por lo tanto limitados por sus parámetros). Estos son el poder de vida del alma (nefesh), las emociones (ruaj) y el intelecto (neshamá). Estos tres niveles son incapaces por si mismos de resolver los problemas que afloran del subconciente humano. Eliahu corresponde al cuarto nivel, la voluntad (jaia), que aunque actúa sobre el cuerpo no está localizado dentro de él y por lo tanto es relativamente libre de las restricciones que afectan a los niveles inferiores del alma. La revelación de Di-s corresponde al quinto y más elevado nivel del alma, su fuente como parte componente de Di-s Mismo, como ya se explicó anteriormente.

La odisea psicológica de Job desemboca entonces en la revelación de un aspecto superior y más profundo del alma, que se logra a través de despojarse de las sucesivas vestimentas de las limitaciones del cuerpo. En la literatura psicológica está documentada en forma amplia la idea de que dialogando con un terapeuta la persona puede enajenarse de sus problemas y dirigirse a los estratos íntimos de su alma. El proceso de dialogar con uno mismo reflejándose en otra persona, ayuda en el desarrollo del proceso terapéutico.

Pero la clave definitiva para desentrañar y curar el mundo estará a nuestro alcance sólo cuando venga el Mashiaj. Hasta entonces, de acuerdo con las palabras del Talmud, no podremos comprender “la tranquilidad del inicuo ni los sufrimientos de los justos”. Por cierto no podemos esperar comprender las terribles tragedias que cayeron sobre nuestro pueblo (y sobre todos los pueblos). Sólo cuando venga el máximo psicólogo, el Mashiaj, podremos descubrir el bien oculto dentro de la maldad aparente. Porque entonces la oscuridad se convertirá en luz y la amargura en dulzura. La luz brillará de la misma oscuridad, así como aspectos nuevos de la Torá que Di-s nos revelará. Entonces podremos decir verdaderamente: “Doy gracias a Ti, o Di-s por haberte enojado conmigo, porque así nos revelas Tu bondad interior”.

Parte 39: Job: Verbalización y Dulcificación

Job: Verbalización y Dulcificación

El libro de Job es virtualmente un manual de psicología donde se describe en detalle el proceso del psicoanálisis.

Job sufre de una ansiedad psicológica, un dolor existencial que no puede sobrellevar. Cuando se lo enfrenta a él, en primera instancia se comporta como un doliente desconsolado que ni siquiera puede expresar su sufrimiento. Incluso luego de estar postrado por un período prolongado, permanece silencioso en presencia de tres amigos que vinieron para visitarlo y reconfortarlo, y siendo incapaz de deshacerse de su dolor comienza a hablar maldiciendo el día en que nació. Se sucede un fructífero diálogo entre él y sus amigos acerca de sus opresiones y quejas contra Di-s. Luego de esto aparece una nueva figura, Elihu ben Berajel, quien habla con inquietud honesta y no comprometida, y finalmente Di-s mismo se le dirige a Job y lo reprende. Job se recupera psicológica y físicamente y vuelve a su estado anterior de salud y bienestar.

A pesar de que Job no blasfemó contra Di-s, de todas maneras no aceptó su sufrimiento como algo justificado, por consiguiente no lo recibió con amor y sumisión ante Di-s. Sus tres amigos trataron de administrarle una terapia, cada uno utilizando una técnica psicológica diferente para convencerlo, sin éxito, de que sus sufrimientos tenían una causa. Fue después de todo esto que el joven Elihu, que se mantuvo silencioso durante el diálogo precedente en consideración a sus mayores, le ofreció su sensitivo pero convincente reproche.

Elihu prologó sus observaciones diciendo: “Pensaba que la vejez puede hablar y el paso de los años pueden impartir sabiduría”. Pero cuando vió que ellos no podían contestar a ninguna de las quejas de Job, se desilucionó de los mayores y concluyó que “más bien es el espiritu del hombre y el alma de Di-s (dentro de él) quien le da entendimiento” (Job 32: 7-8). La fuente de la respuesta verdadera a Job está en la inspiración Divina, que puede reposar en una persona joven tan fácilmente como en un anciano. Sólo con la ayuda y la inspiración de Di-s un consejero o terapista puede penetrar las profundidades del subconciente de una persona y así ayudarlo a resolver sus problemas psicólogicos.

Elihu, que comienza el proceso de la verdadera curación, juega el rol del profeta Elihau, el que preanuncia la redención mesiánica verdadera y definitiva.

Mashiaj es el psicólogo consumado que sabe desenredar las complejas pesadillas del amargo exilio, revelando su núcleo interno de bondad. Mashiaj sabe como liberar a cada uno y permitirle articular sus ansiedades sanamente, él recogerá todos los fragmentos dispersos de cada alma destrozada y los traerá de regreso al punto inmaculado que hay en lo más íntimo de sus corazones, que fue siempre fiel a Di-s y Su Torá.

Como el Baal Shem Tov, puede hacer recordar al hombre su identidad olvidada, y de esa manera resolver el dilema de su malestar psicólogico. Esta es la dimensión psicológica de la tarea del Mashiaj, reunir a los dispersos de Israel de vuelta en Zion, porque Zion (que significa literalmente punto, marca) simboliza en cabalá el punto más íntimo del corazón. El exilio de los judíos de su tierra natal es una metáfora de la conciencia dispersa de una persona que ha perdido contacto con su ser interior.

Parte 38: Los Libros Terapéuticos de la Biblia

Los Libros Terapéuticos de la Biblia

El texto hebreo de la Biblia contiene signos diacríticos que indican cómo se debe entonar su lectura. Estas señales, conocidas como signos melódicos, indican la melodía que debe ser usada para cada palabra y la cadencia general del versículo. Son signos musicales abreviados y también una pauta de la estructura gramatical del texto.

En todos los libros de la Biblia se emplea el mismo sistema de signos melódicos, con excepción de tres de ellos que utilizan un sistema propio: el libro de los Salmos, el de Proverbios y el de Job. En ellos el sistema es más complejo e intrincado y más dificil de cantar que en los otros. Muchas, si no la mayoría de las comunidades judías, han perdido el conocimiento exacto de la interpretación de esas melodías.

De momento que estos tres libros están compuestos y cantados de una manera especial, más complicada y dificultosa y un tanto esotérica, se los agrupa aparte de los otros libros de la Biblia, como reflejando un nivel más profundo y penetrante de entender la vida. Esta apreciación está reforzada por su profundo contenido filosófico y emocional, que los distingue de la otra literatura sabia y narrativa que vemos en las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, aunque por supuesto toda la Biblia es rica en profundizaciones dentro de la naturaleza y psicología del hombre, se puede considerar a estos tres como los libros quintaesenciales de psicología bíblica. Efectivamente, luego de un examen detenido podemos trazar un paralelo entre cada uno de ellos y cada uno de los tres métodos de terapia que estamos discutiendo. Así, podemos verlos como una progresión secuencial de conciencia correspondiente a estas tres facetas de la terapia. El orden en que aparecen en la mayoría de las ediciones de la Biblia siguen la siguiente secuencia evolutiva:

Job: verbalización / dulcificación

Proverbios: ignorar / separación

Salmos: supresión / sumisión

Salmos es el libro de plegaria y ruego a Di-s; es una antigua y reverenciada costumbre judía derramar nuestro corazón a Di-s por medio del recitado de salmos con el corazón quebrado, en momentos de dolor y sufrimiento. Fueron escritos por el rey David, el dulce cantor de Israel (Samuel II 23:1). El rey David personifica los atributos de carácter de humildad y sumisión, como es evidente de la réplica a su esposa Mijal cuando lo recriminó por danzar deshinibidamente frente a sus criadas (ibid, 6:22): “Siempre he sido bajo, en mi propia estimación”. En virtud de su humildad frente a Di-s (y también ante las clases bajas), se le confirió la fuerza y convicción que le permitió liderar a su pueblo temerariamente, con la autoridad adecuada para un rey de Israel.

Proverbios es el libro de ética Divina escrito por el rey Salomón.

Rashi, el comentarista clásico, escribió en el comienzo de su comentario del libro de Proverbios: “Todas las afirmaciones [del rey Salomón] son parábolas y analogías. Comparó la Torá a una buena mujer y a la idolatría a una ramera… Uso estas analogías para enseñar sabiduría y ética al hombre, que puede dedicar su vida al estudio de la Torá, que es la verdadera sabiduría, ética y comprensión.”

Al final del libro, el padre sabio advierte a su hijo cómo escapar de su mala inclinación y guardar distancia de ella. El consejo que brinda es reemplazar los pensamientos que propone la mala inclinación con otros sobre lo atractivo de la Torá, que es comparada con una buena mujer, una amorosa servatilla y una graciosa cabra montañesa (Proverbios 5:19).

Este es el proceso terapéutico de separación, en donde la persona expulsa los pensamientos extraños de su mente reemplazándolos por otros positivos y orientados por la Torá. De esta manera rectifica su psiquis distorsionada y circuncida su corazón, abriéndolo a la santidad y purificandolo de todas las formas de ansiedad negativa.

Parte 37: La Terapia y las Sendas Jasídicas

La Terapia y las Sendas Jasídicas

Dentro del movimiento jasídico existen tres grandes corrientes de pensamiento y enfoque del servicio a Di-s de las que el padre de todas fue el Baal Shem Tov. Podemos asociar estas tres corrientes con los tres aspectos de la terapia, basándonos en las tres interpretaciones del verbo del versículo de Proverbios, alrededor del cual está centrada nuestra discusión de la terapia.

Tzadik, Beinoni, y Rasha

Suprimir la ansiedad por medio de la sumisión y la plegaria evoca el enfoque de Rabi Najman de Breslov. El jasidismo de Breslov se centra en el aislamiento meditativa, donde el jasid habla de sus problemas y ansiedades con Di-s, con profusa recitación de salmos y oraciones de súplica, con un énfasis general en la humildad simple y la sumisión ante el Creador. Claramente, el camino de Rabi Najman de Breslov está dirigido hacia una persona que todavía se considera en las garras de su inclinación al mal, un rashá. El consejo que ofrece y el tipo de comportamiento que desarrolla intentan principalmente cuidar a la persona de la desesperación ante su situación. Su método alienta al individuo a recordar que Di-s está con él en todo momento y en cualquier profundidad que haya caído. No importa cual sea el motivo, puede invocar a Di-s y conectarse a El a través de la plegaria.

Ignorar la ansiedad trae a la mente el sistema ético del Tania, la obra seminal del jasidismo Jabad fundado por el rabi Shneur Zalman de Liadi. En este libro, rabi Shneur Zalman divide al pueblo judío en tres tipos, basado en el grado de dominio de sus inclinaciones opuestas hacia el bien y el mal: el tzadik (justo) ha vencido su deseo de hacer el mal, el rashá (malvado) ha sucumbido a ese deseo y entre ellos dos se ubica el beinoní (persona intermedia), quien no ha vencido aún su mal deseo pero acierta a mantenerlo controlado y nunca sucumbe a él. Es virtualmente imposible volverse un tzadik por propios medios, a lo máximo que una persona pueden aspirar es volverse un beinoní, y luego si Di-s desea agraciar al beinoní y hacerlo un tzadik, entonces lo conseguirá. Por eso, la imagen del beinoní es lo que la mayoría de la gente debe trabajar por conseguir. Por cierto el Tania está subtitulado “El Libro de los Intermedios”.

El beinoní requiere y se le presenta un acercamiento psicológico a la vida en general (y a su propia psiquis en particular) diferente que el tzadik o el rashá. Por un lado tiene el valor de no ignorar el mal que todavía hay en él y no considerarse un tzadik, mientras que por otro lado debe que evitar el miedo que tiene el rashá de enfrentarse a ese mal. Antes bien, el principal objetivo de su vida es hacer frente a su propia maldad interior, personificado en su ego, que lo priva de desarrollar su relación con Di-s.

Rabi Shneur Zalmen aconseja al beinoní ignorar sus ansiedades. Debe más bien concentrarse en llenar su pozo vacío con las aguas de la Torá; así puede rectificar, aunque indirectamente, su subconciente.

Considerando que el beinoní no superó sus ansias de hacer el mal y no se liberó del deseo de permitirse cosas prohibidas, todavía no está listo para enfrentar abiertamente su lado oscuro. Nunca podrá alcanzar este nivel. Aún así, ignorando sus ansiedades y ocupándose activamente en llenar su mente de pensamientos positivos y saludables, eventualmente neutralizará los aspectos deletéreos de su subconciente.

La rara excepción a esto es el individuo que Di-s llamó a ser un justo consumado desde el día de su nacimiento. Una persona así no es obstaculizada porque no ha caído jamás del estado de gracia. Puede experimentar el anhelo por la redención en virtud de que su ser es un ente creado atado a las restricciones del tiempo y el espacio, pero a pesar de eso, nunca experimentará el dolor y el terror de saber cuánto puede agravar la situación irredimida de la realidad.

Por último, expresar verbalmente la ansiedad evoca el sendero en el servicio a Di-s de rabi Elimelej de Lizhensk y sus discípulos. Rabi Elimelej enfatiza en sus enseñanzas el rol del tzadik, especialmente cuando asume el liderazgo como rebe. Esta focalización en la completa transformación del mal en bien a manos del practicante jasídico consumado, es la máxima expresión de la visión mesiánica del Baal Shem Tov. Por medio de este proceso, el mundo comienza a experimentar efectivamente la metamorfosis que ocurrirá cuando venga el Mashiaj. Una vez que se haya alcanzado una cierta masa crítica de esta conciencia, provocará que ocurra de hecho la revelación del Mashiaj.

En la enseñanzas de este ala del jasidismo, cuanto más reconozca y aprecie el pueblo en general la exaltada estatura espiritual del tzadik, más dovotos se volveran de él. Esto les evita la necesidad de enfretarse solos a su propia maldad, porque la santidad del tzadik los envuelve y neutraliza su lado oscuro, capacitándolos a establecer una verdadera y profunda conección con Di-s. En contraste con el Tania, podemos considerar a la literatura producida por estos líderes (en particular el trabajo de rabi Elimelej “Noam Elimelej”) “el libro de los justos”, libros guía para rebes y sus seguidores.

Parte 36: La Bondad y La Maldad

La Bondad y La Maldad

La cabalá concibe el bien y el mal como polos opuestos del espectro continuo de la moralidad. Esto significa que cualquier situación o entidad en la vida contiene elementos de ambas partes. La habilidad del hombre de descender en forma segura por el espectro de lo moral hasta el polo de la maldad para transformarla en bien, es una función de la fuerza con que está aferrado a las regiones superiores, cerca del extremo de la bondad. Cuando está firmemente anclado en el bien, esto es, se siente cercano en su relación con Di-s, no teme descubrir algún mal dentro suyo o en el mundo, y su descubrimiento no representa una amenaza a su confianza general en el eventual triunfo del bien sobre el mal.

La naturaleza animal del hombre lo empuja implacablemente hacia el polo del mal, alejándolo del reconocimiento de Di-s, mientras que su alma Divina lo empuja hacia el polo del bien. El espíritu del hombre asciende hacia las alturas, mientras que el espíritu animal tiende a descender cada vez más abajo, hacia la tierra. Por lo tanto, su capacidad de permanecer aferrado a la bondad depende de su éxito en dar preferencia a su alma Divina sobre su alma animal.

Cuenta el Talmud acerca de cuatro sabios, rabi Akiba y tres de sus discípulos, que se ocuparon de ciertas técnicas místicas de meditación y ascendieron a los reinos trascendentes de la percepción Divina.

Ben Azai miró [por sobre la Gloria Divina] y murió; dicen de él [proféticamente] las sagradas escrituras: “Apreciada por Di-s es la muerte de Sus piadosos” (Salmos 116:15). Ben Zoma miró y perdió la cordura; de él dicen las escrituras: “Has encontrado miel, come [no más que] tu medida, para que no te sientas lleno y la vomites” (Proverbios 25:16). El tercero Elisha ben Avuia, miró y se convirtió en hereje. Rabi Akiva entró en paz y salió en paz.

Está explicado en cabalá que cada uno de estos sabios trató de rectificar el pecado de Adam y su efecto sobre el mundo. Antes del pecado, el bien y el mal existían en dos reinos separados y no se mezclaban de ninguna manera. Cuando Adam y Eva comieron del árbol del conocimiento del bien y el mal, estos se entremezclaron y se creó el espectro continuo de moralidad antes mencionado.

El error de Elisha ben Avuia fue que trató de rectificar el pecado enfrentándose directamente con la maldad y descuidó primeró aferrarse al bien. Focalizándose enteramente en la maldad que hay en el mundo, perdió su habilidad de reconciliar la existencia del mundo con un Di-s benevolente y compasivo. Las dudas que le presentó el mal fueron demasiado grandes para él, llegando a la conclusión de que no hay Di-s y se volvió hereje.

Se cuenta que vió a alguien que le pidió al hijo que suba a un árbol y le traiga algunos pichones de un nido de palomas. El hijo, al complacerlo, cumplió dos mandamientos de la Torá al mismo tiempo: honrrar a sus padres (Exodo 20:12) y alejar a la madre de los pichones de su nido antes de tomar a sus hijos (Deuteronomio 5:16). La recompensa prometida para ambos mandamientos es la de larga vida, pero el niño calló accidentalmente del árbol y murió. Semejante anomalía fue más de lo que Elisha ben Avuia pudo soportar.

Rabi Akiva, por el contrario, buscó rectificar el pecado de Adam enfatizando el bien y venciendo al mal indirectamente. A pesar de que finalmente no tuvo éxito, no obstante fue capaz de salir ileso del intento. De momento que se mantuvo aferrado al sentido de benevolencia de Di-s, el mal en el mundo no constituyó una contradicción para él.

Rabi Akiva mantuvo esta perspectiva hasta el final de su vida. Cuando fue atrapado enseñando Tora durante las persecuciones de Adriano, fue sentenciado a muerte, y mientras los romanos rastrillaron su carne con cepillos de hierro, él recitó el Shemá, “Oye, Israel, Di-s es nuestro Di-s, Di-s es uno”, la declaración de unidad de Di-s. Continuó pronunciando la palabra “uno” hasta que expiró. La existencia del mal no presentó ninguna duda para su fé, por cierto su fé fue tan fuerte que fue capaz de sentrise cercano a Di-s incluso cuando su carne era rastrillada con cepillos de hierro.

Parte 35: Merecer Misericordia

Merecer Misericordia

Hemos hecho mención varias veces de la necesidad que tiene el individuo en busca de una terapia, de sentirse abarcado por la misericordia de Di-s. El secreto de conseguir este sentimiento está descripto en el siguiente versículo del libro de Proverbios (28:13): “El que oculta sus transgresiones no triunfará, pero al que las admite y se abstiene de ellas le será mostrada misericordia”.

Sentir la misericordia de Di-s depende entonces de admitir los actos erróneos, sentirse arrepentido de haberlos hecho y resolver no repetirlos más (las dos últimas condiciones están incluidas en la idea de abstinencia). Este proceso triple de cambio es conocido en el judaísmo como “teshuvá”, muy comunmente mal traducido como arrepentimiento pero que en realidad significa retorno, tanto a Di-s como a una más noble visión de uno mismo.

Por medio de la teshuvá la persona se libera y se redime de su estado actual, y se libera de los patrones de comportamiento en los que previamente estubo encerrado.

De momento que la teshuvá es un proceso de crecimiento espiritual, podemos hacer un paralelo con las tres etapas que tipifican este tipo de procesos: La confesión es un claro acto de sumisión, humillando al propio ego. Abstenerse del pecado mediante el arrepentimiento y la resolución de no repetirlo es un acto de separación. Sentirse abarcado y apoyado por la misericordia de Di-s es la fase de dulcificación del proceso. La teshuvá en si misma es un proceso triple que pasa por las facetas intelectual, emocional y de comportamiento de la conciencia del hombre.

La persona debe primero admitir la verdad, debe dejar de engañarse (o permitirse ser engañado) pensando que el pecado no es un pecado; luego debe sentirse emocionalmente agradecido a Di-s por la oportunidad de cambiar; y finalmente debe reconocer el hecho de que ha hecho algo erróneo y resolver no repetirlo en el futuro.

El cuadro general es como sigue:

* Admisión de la verdad / Confesión del acto erróneo – Sumisión

* Compromiso Intelectual en pos de la oportunidad de cambiar las Emociones Resolviendo no repetir el pecado – Separación

* Conducta Receptora de la misericordia de Di-s – Dulcificación

Así como la misericordia es el atributo esencial de Di-s por excelencia, el esquema psicológico triple de admisión, compromiso y resolución de no repetir el pecado es la actitud más básica que caracteriza la psiquis judía. Por eso es costumbre que las primeras palabras que dice el judío al despertar a la mañana, la declaración que sirve de basamento a su conciencia para el resto de día es: “Doy gracias a Ti, Rey viviente y eterno, pues Tú has restituido misericordiosamente mi alma dentro de mi, Tu fe [en mi] es grande”. En esta frase el judío expresa los tres sentimientos que hemos mencionado: admite la fé en cuanto al propósito de la vida, que Di-s es el verdadero soberano del mundo y el único juez de lo que es bueno o malo; da gracias a Di-s por el regalo de restaurar el alma dentro de él; y confiesa su culpa de no vivir de acuerdo a su potencial, al reconocer la confianza de Di-s en que hoy actuará mejor a pesar de las faltas de ayer.

Parte 34: La Chispa de Mashiaj

La Chispa de Mashiaj

Se enseña en el jasidismo que cada judío contiene dentro de si una chispa o elemento del Mashiaj. Esta es la capacidad que hay en cada uno de actuar como una fuerza redentora de si mismo, de aquellos que conoce, y en definitiva, de todas las cosas de este mundo con las que entra en contacto.

Así como la revelación del Mashiaj general depende de que la humanidad esté ansiosa por su retraso, la realización de la chispa que hay dentro de cada individuo requiere primero que este ansioso por el hecho de que esa misma chispa todavia no ha aflorado y se ha manifestado. El más profundo complejo en la psiquis de un individuo es la frustración que siente por no ser capaz de realizar en forma completa sus potenciales, de vivir de acuerdo a como siente que es capaz de llegar a ser. Sabe en lo más íntimo de su ser que su alma Divina es una parte de Di-s, y por su intermedio es capaz de revelar la presencia de Di-s en el mundo, por lo que el hecho de que está impedido de hacerlo lo aflige profundamente. Esta frustración es equivalente a la de no ser capaz de revelar su chispa de Mashiaj interior. De esto se desprende que es la chispa de Mashiaj en cada individuo que produce esta ansiedad existencial.

La ansiedad se vuelve más intensa cuando nos ponemos a pensar acerca del propósito de la vida, de nuestra propia vida, y la urgencia por rectificar la realidad. Como hemos apuntado, esta ansiedad sensibiliza a la persona hacia lo profundo y apasionante de la dimension interior de la Torá, y lo faculta a comprenderla más y más. El estudio de la dimensión inde la Torá no sólo sirve para elevar la comprensión de la persona acerca del propósito de la vida y la urgencia por la redención, lo que intensifica su deseo por el Mashiaj, sino que también refuerza su convicción y optimismo en cuanto a la inminencia de la redención. Esto sirve para apartar la amargura de la ansiedad por Mashiaj, sin mitigar su intensidad. Esta intensidad acelera su llegada, y la ansiedad por la revelación de su chispa de Mashiaj cataliza su revelación.

Esta revelación no es un asunto de una sola etapa; por cuanto que el alma Divina contiene infinitos estratos de potencial, tan pronto como la persona consigue llegar a un nivel y agota sus posibilidades, cae en la cuenta de que puede acceder a un nuevo nivel más profundo y poderoso.

Así, una persona que busca desarrollarse y orientada espiritualmente vive en una dinámica progresiva de tensión y realización, que se eleva continuamente en espiral hacia más elevados niveles de revelación de su chispa de Mashiaj, su habilidad de redimir el mundo. Cuanto más grande es su ansiedad, se siente más inspirado a revelar esa chispa, profundizar su relación con Di-s y ahondar en los secretos de la Torá. Cuanto más lleva a la realidad su potencial de redimir el mundo, profundiza su relación con Di-s y aprende de la dimensión interior de la Torá, siente más intensamente la urgencia por la redención y la ansiedad por su demora.

Cada respuesta que brinda la Torá acerca de las anomalías de la vida inspira una nueva pregunta más profunda, ya que la Torá es infinita y por lo tanto también lo es la comprensión de la vida que brinda al que la estudia. Así, cada nivel de entendimiento es rebatido y reemplazado por un sucesivo nivel más profundo.

Esta corriente dinámica de tensión y resolución es necesaria para el continuo crecimiento espiritual del individuo. Cada respuesta, cada nueva comprensión global que se consigue viene acompañada de un sentimiento de satisfacción por haberla logrado. Esta satisfacción naturalmente produce complacencia: el problema es resuelto, tenemos la respuesta. Nada agranda más el ego que el sentimiento de tener todas las respuestas, por lo que es necesario prevenir este engrandecimiento mediante la percepción de una nueva y más profunda pregunta inmediatamente luego de la resolución de la cuestión anterior.

Por supuesto que lo infinito de este proceso no significa que nunca se llega a una conclusión. Se explica en jasidismo que la revelación de una cierta masa crítica de chispas espirituales de Mashiaj, causará que se revele el Mashiaj general y ocurrirá la Redención verdadera y definitiva.

De esta explicación hemos entendido el concepto de la chispa de Mashiaj dentro de cada individuo como un proceso evolutivo de crecimiento espiritual, por lo que es lógico asumir que presentará la misma estructura triple que tipifica todo proceso de este tipo.

La fase de “sumisión” de la chispa de Mashiaj es la ansiedad por la demora en la llegada de Mashiaj, el sentimiento de desamparo frente a la enormidad de la incomplesión del mundo.

Nuestros sabios nos enseñan que Mashiaj vendrá cuando no se lo espere. A pesar de que esta declaración implica que la mejor manera de acelerar su llegada es ignorando el tema, obviamente esta no puede ser la intención de esta enseñanza, ya que ellos han declarado que la constante espectativa por la era mesiánica es uno de los dogmas fundamentales del judaísmo. En las palabras de los profetas (Habakuk 2:3): “Si se demora, esperalo, porque seguramente vendrá, sin tardanza”.

El significado es más bien que debemos creer en el inminente arribo del Mashiaj a pesar de que el mundo no parezca preparado y digno de él. Hay muchos signos de que nuestra era está madura para la Redención, pero en muchos aspectos no parece estar muy preparada. Nuestros sabios nos enseñaron que debemos creer con fe completa que Mashiaj puede venir en cada minuto, no importa cuán improbable parezca. Incluso cuando la situación del mundo es tal que nadie puede pensar que pueda venir ahora, no obstante debemos confiar que su llegada es inminente.

Esta es la fase de separación del proceso de revelación del Mashiaj, en el cual debemos liberarnos de todas las nociones preconcebidas en cuanto a que debe ser para que llegue el Mashiaj.

La fase en la que brilla la chispa individual de Mashiaj y estamos comprometidos en la redención de nuestro rincón del mundo, es la fase de dulcificación.

 

La Chispa de Mashiaj

Se enseña en el jasidismo que cada judío contiene dentro de si una chispa o elemento del Mashiaj. Esta es la capacidad que hay en cada uno de actuar como una fuerza redentora de si mismo, de aquellos que conoce, y en definitiva, de todas las cosas de este mundo con las que entra en contacto.

Así como la revelación del Mashiaj general depende de que la humanidad esté ansiosa por su retraso, la realización de la chispa que hay dentro de cada individuo requiere primero que este ansioso por el hecho de que esa misma chispa todavia no ha aflorado y se ha manifestado. El más profundo complejo en la psiquis de un individuo es la frustración que siente por no ser capaz de realizar en forma completa sus potenciales, de vivir de acuerdo a como siente que es capaz de llegar a ser. Sabe en lo más íntimo de su ser que su alma Divina es una parte de Di-s, y por su intermedio es capaz de revelar la presencia de Di-s en el mundo, por lo que el hecho de que está impedido de hacerlo lo aflige profundamente. Esta frustración es equivalente a la de no ser capaz de revelar su chispa de Mashiaj interior. De esto se desprende que es la chispa de Mashiaj en cada individuo que produce esta ansiedad existencial.

La ansiedad se vuelve más intensa cuando nos ponemos a pensar acerca del propósito de la vida, de nuestra propia vida, y la urgencia por rectificar la realidad. Como hemos apuntado, esta ansiedad sensibiliza a la persona hacia lo profundo y apasionante de la dimension interior de la Torá, y lo faculta a comprenderla más y más. El estudio de la dimensión inde la Torá no sólo sirve para elevar la comprensión de la persona acerca del propósito de la vida y la urgencia por la redención, lo que intensifica su deseo por el Mashiaj, sino que también refuerza su convicción y optimismo en cuanto a la inminencia de la redención. Esto sirve para apartar la amargura de la ansiedad por Mashiaj, sin mitigar su intensidad. Esta intensidad acelera su llegada, y la ansiedad por la revelación de su chispa de Mashiaj cataliza su revelación.

Esta revelación no es un asunto de una sola etapa; por cuanto que el alma Divina contiene infinitos estratos de potencial, tan pronto como la persona consigue llegar a un nivel y agota sus posibilidades, cae en la cuenta de que puede acceder a un nuevo nivel más profundo y poderoso.

Así, una persona que busca desarrollarse y orientada espiritualmente vive en una dinámica progresiva de tensión y realización, que se eleva continuamente en espiral hacia más elevados niveles de revelación de su chispa de Mashiaj, su habilidad de redimir el mundo. Cuanto más grande es su ansiedad, se siente más inspirado a revelar esa chispa, profundizar su relación con Di-s y ahondar en los secretos de la Torá. Cuanto más lleva a la realidad su potencial de redimir el mundo, profundiza su relación con Di-s y aprende de la dimensión interior de la Torá, siente más intensamente la urgencia por la redención y la ansiedad por su demora.

Cada respuesta que brinda la Torá acerca de las anomalías de la vida inspira una nueva pregunta más profunda, ya que la Torá es infinita y por lo tanto también lo es la comprensión de la vida que brinda al que la estudia. Así, cada nivel de entendimiento es rebatido y reemplazado por un sucesivo nivel más profundo.

Esta corriente dinámica de tensión y resolución es necesaria para el continuo crecimiento espiritual del individuo. Cada respuesta, cada nueva comprensión global que se consigue viene acompañada de un sentimiento de satisfacción por haberla logrado. Esta satisfacción naturalmente produce complacencia: el problema es resuelto, tenemos la respuesta. Nada agranda más el ego que el sentimiento de tener todas las respuestas, por lo que es necesario prevenir este engrandecimiento mediante la percepción de una nueva y más profunda pregunta inmediatamente luego de la resolución de la cuestión anterior.

Por supuesto que lo infinito de este proceso no significa que nunca se llega a una conclusión. Se explica en jasidismo que la revelación de una cierta masa crítica de chispas espirituales de Mashiaj, causará que se revele el Mashiaj general y ocurrirá la Redención verdadera y definitiva.

De esta explicación hemos entendido el concepto de la chispa de Mashiaj dentro de cada individuo como un proceso evolutivo de crecimiento espiritual, por lo que es lógico asumir que presentará la misma estructura triple que tipifica todo proceso de este tipo.

La fase de “sumisión” de la chispa de Mashiaj es la ansiedad por la demora en la llegada de Mashiaj, el sentimiento de desamparo frente a la enormidad de la incomplesión del mundo.

Nuestros sabios nos enseñan que Mashiaj vendrá cuando no se lo espere. A pesar de que esta declaración implica que la mejor manera de acelerar su llegada es ignorando el tema, obviamente esta no puede ser la intención de esta enseñanza, ya que ellos han declarado que la constante espectativa por la era mesiánica es uno de los dogmas fundamentales del judaísmo. En las palabras de los profetas (Habakuk 2:3): “Si se demora, esperalo, porque seguramente vendrá, sin tardanza”.

El significado es más bien que debemos creer en el inminente arribo del Mashiaj a pesar de que el mundo no parezca preparado y digno de él. Hay muchos signos de que nuestra era está madura para la Redención, pero en muchos aspectos no parece estar muy preparada. Nuestros sabios nos enseñaron que debemos creer con fe completa que Mashiaj puede venir en cada minuto, no importa cuán improbable parezca. Incluso cuando la situación del mundo es tal que nadie puede pensar que pueda venir ahora, no obstante debemos confiar que su llegada es inminente.

Esta es la fase de separación del proceso de revelación del Mashiaj, en el cual debemos liberarnos de todas las nociones preconcebidas en cuanto a que debe ser para que llegue el Mashiaj.

La fase en la que brilla la chispa individual de Mashiaj y estamos comprometidos en la redención de nuestro rincón del mundo, es la fase de dulcificación.

Parte 33: Esperando al Mashiaj

Esperando al Mashiaj

Los interrogantes más esenciales de la vida se pueden sintetizar en una pregunta general: ¿Porqué todavía no ha llegado el Mashiaj?

Este es posiblemente el tema fundamental que enfrenta el hombre de hoy. Desafortunadamente existe una tremenda confusión alrededor de este tópico, ya que no hay una verdadera valoración de la importancia que tienen para la fe judía elementos básicos como el Mashiaj y la era mesiánica que lo acompañará, o peor todavía se desconocen completamente. Incluso entre aquellos que sí lo saben, se asume en general que la llegada del Mashiaj no es algo por lo que necesitemos preocuparnos o tratar activamente de acelerar.

El objetivo de este artículo es discutir en detalle y refutar los motivos de estas concepciones equivocadas.

En este punto vale confirmar que la creencia en Mashiaj, su llegada inminente y nuestro deber de acelerar su arrivo son facetas esenciales de la creencia judía.

Esto es así porque el mensaje del Mashiaj es que el mundo no es perfecto, y su imperfección no es sólo el resultado de una pocas fallas menores, sino que hay algo fundamentalmente erróneo, incongruente y anómalo acerca de la misma estructura del mundo material. Existe una visión de cómo Di-s creo el mundo, y no es la que vemos en la realidad fisica.

Creer en Mashiaj es la expresión de nuestro rechazo radical a aceptar la realidad tal como es, una audaz negativa a estar satisfecho con el orden presente, y esto proviene de la visión de un mundo perfecto descripto en la Torá. De esta manera el advenimiento del Mashiaj es el cumplimiento de la promesa de la Torá de que este mundo puede, debe ser y en definitiva se convertirá en una morada para Di-s. La era mesiánica es la respuesta a todos los problemas, ya que estos provienen de una percepción errónea que será corregida con la llegada del Mashiaj.

Este es un tema crucial para la persona interesada, no es una aspiración abstracta hacia la que apuntamos en la lucha por la vida, sino que es una necesidad básica, un imperativo humano. El hecho de que el Mashiaj no ha llegado todavía es causa de una grave preocupación, el enigma que hay detrás de su retrazo debe ser resuelto.

Todas las demás ansiedades personales se pueden resumir en esta. La medida de cuánto una persona está ocupada en sus necesidades y problemas propios, es una indicación inversa de la seriedad con que los toma. En otras palabras, al no generalizar sus preocupaciones personales en un concernimiento hacia la angustia de la humanidad, está atestiguando que sus problemas no lo afectan tanto como para motivarlo a eliminar la causa subyacente que les dan origen. Se contentará con poner un vendaje temporario para aliviar su dolor momentáneamente y continuar con su vida.

Pero si universaliza el espectro de sus preocupaciones en el tema general de la llegada del Mashiaj, está demostrando su deseo de encarrilar la realidad, incluso la suya propia, de una vez para siempre.

Al estar ansiosos por esta tardanza aceleramos su llegada, como declara repetidamente el Rebe de Lubavitch, si hubieramos querido verdaderamente que venga, el Mashiaj ya hubiera llegado hace mucho tiempo.

Aunque se haya atravesado el proceso terapéutico completo detallado arriba y hubiera ascendido la escalera de la espiritualidad hasta el punto en que su conciencia es totalmente la de su alma Divina, no se es inmune a esta ansiedad general. Aún cuando haya hecho las paces con todas las ansiedades circunstanciales que plagan normalmente a la gente, hay una ansiedad básica que permanece, y que resulta de las limitaciones inherentes a la creación. Se enseña en cabalá y jasidismo que en el curso de su descenso al cuerpo, el alma pierde la percepción infinita de Divinidad de la que gozaba antes; al entrar al mundo físico que está circunscripto a las limitaciones de espacio y tiempo, está forzada a concebir y relacionarse con todas las cosas en el contexto del espacio y el tiempo. Por eso le es imposible imaginar un nivel de realidad que esté fuera de esas limitaciones. Aquel que está a tono con este hecho pero el deseo de su corazón es conocer y apegarse a Di-s, está fundamentalmente frustrado por esta realidad.

Por eso, incluso el individuo más recto, el parangón de la perfección espiritual, es objeto de una profunda ansiedad y sufre en virtud de que es un ser creado, atrapado en el contexto, limitaciones y formas conceptuales del mundo físico. De momento que estas limitaciones físicas serán removidas completamente luego de la llegada del Mashiaj, tal individuo debe también anhelar su llegada y estar ansioso por acelerarla.

La ansiedad por la llegada del Mashiaj, cualquiera sea la forma que esta tome, focaliza e intensifica la preocupación de la persona por la falta de complesión de la vida.

Cuando amplía el rango de su interés hacia la condición irredimida de la realidad en general, tanto a nivel del sufrimiento humano común, como de las constricciones existenciales de la creación, sus ansiedades toman un sentido más amplio y profundo.

De esta manera, si la ansiedad en general prepara a la persona para el estudio de la dimensión interior de la Torá, la ansiedad por la llegada del Mashiaj lo prepara para la colosal y completa revelación que acompanará el advenimiento de la era mesiánica, porque estudiamos que la dimensión interior de la Torá que conocemos hoy, es sólo una anticipación de la revelación que presenciaremos con la llegada del Mashiaj.

Parte 32: La Ansiedad positiva

La Ansiedad positiva

A lo largo de nuestro debate, hemos llegado a la conclusión de que si dejamos sin tratamiento la ansiedad, puede y ciertamente dará lugar a consecuencias negativas en la salud mental de la persona, mientras que una terapia apropiada puede llevar a un nivel de salud mental superior al que se podría lograr de otra manera.

De este modo, indiréctamente, la ansiedad (y aún la existencia del mal dentro del subconsciente) puede ser una ventaja para el desarrollo mental y espiritual de una persona. La ansiedad no es algo negativo en si mismo; sólo que cuando se la deja supurar sin tratamiento, se manifiesta como una visión negativa en la psiquis de la persona.

Ahora pongamos nuestra atención en una forma de ansiedad que no solamente no es negativa, sino que es realmente una contribución positiva para el bienestar general de la persona, sirviendo como fuente de motivación para acciones virtuosas.

Comencemos observando lo que nuestros sabios aseguran: “Di-s revela los secretos de la Tora sólo a una persona ansiosa”. La ansiedad es entonces un requerimiento para el estudio y el entendimiento de la Torá, lo que significa que hay cierto valor redimible en la ansiedad que hace que la persona que sufre de ella logre entender y relacionar aspectos de la Torá que alguien que no la padece no puede vincular o entender.

La Torá es un vasto cuerpo de conocimientos, tanto en cuanto a la cantidad de información que abarca como al tipo de conocimientos que comprende. Aparte del texto mismo, el conocimiento mas básico que nos brinda la Torá, es un sistema apropiado segun el cual la persona debería conducir su vida para realizar la voluntad de Di-s. Este es el aspecto legal de la Torá, el cual incluye las leyes en si mismas, sus derivaciones y contenido, y la metodología para obtener nuevas leyes. En vista que las mismas leyes y reglas de conducta para cumplir la voluntad de Di-s se aplican a todos, este cuerpo de conocimientos es también llamado el aspecto revelado de la Torá. El deber de conocer y entender la ley otorga igualdad en todo y no depende de ningún logro moral anterior o cualidades especiales. Simplemente estipula que todos deben saber como conducir su vida de acuerdo con la voluntad de Di-s, por lo tanto todos deben estudiar el aspecto revelado de la Torá.

El éxito en el estudio de este aspecto de la Torá depende exclusívamente de la cantidad y calidad del esfuerzo y dedicación que la persona aplica en ésto. Cualquiera que se dedica apropiadamente a este cometido puede dar por hecho su cumplimiento.

No obstante, el nivel interior de la Torá no trata con prototipos habituales de comportamiento, sino con la vida emocional del individuo y la dinámica de su relación personal con Di-s. Puesto que la personalidad de cada uno es diferente, este aspecto de la Torá es mucho mas subjetivo y relativo que el aspecto revelado. Por lo tanto es conocido como su aspecto oculto, dado que sus enseñanzas se encargan del aspecto personal de la vida del individuo, el cual está generalmente oculto al resto de la gente.

Esfuerzo y dedicación no son suficientes para asegurar el éxito en este estudio, se requiere de ansiedad por parte del estudiante.

Esta es la razón por la cual los secretos de la Torá iluminan los problemas existenciales del hombre y del mundo en general; ellos constituyen una respuesta comprensiva a los problemas mas esenciales de la vida y el universo. Ahora, si no hay preguntas no hay necesidad de respuestas. Así, sólo alguien que es importunado por las incongruencias de la vida, cuyo corazón grita por una solución a todas las cuestiones aparentemente insolubles de la vida actual, puede esperar vincularse con este aspecto de la Torá. Si una persona no se preocupa de modo alguno por cuestiones tales como por que he sido creado y porque existe la maldad o el sufrimiento en el mundo, la dimensión interior de la Tora no le dira nada. De esta manera, el sufrimiento de algun tipo de ansiedad revela un alto nivel de sensibilidad, sentimiento y compasión. Una persona que no sufre de ansiedad no es sensible a la patología que hay en su vida, por lo que es indiferente a los interrogantes que se encuentran en los secretos la Torá.