Dos Clases de Tzadikim

Cabala y Ciencia
Ciencias Naturales – Sefirá de Bináh

Astronomía y Cabalá
Geocentrismo o Heliocentrismo

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La disputa continua entre Dios y el verdadero tzadik es sobre cosas que aparentan ser malas en nuestras vidas, pero desde el punto de vista de Dios son en realidad para nuestro propio bien, porque todo lo que hace Dios es para bien. Desde la perspectiva de Dios incluso un intenso sufrimiento que se nos inflige es siempre para mejor, aunque no lleguemos a experimentar esa bondad.

Cuando el tzadik ha alcanzado el nivel de conocimiento absoluto, habiendo anulado completamente sus tendencias egocéntricas (la etapa de sumisión, correspondiente a la iniciación del heliocentrismo que niega completamente al geocentrismo), ahora es conciente en cierta medida de los motivos ocultos de Dios (separación, viendo la Tierra tanto desde la perspectiva del sol como desde la tierra), o al menos se da cuenta de que todo sufrimiento es para lo mejor, aunque no sepa cómo.

Sin embargo, el verdadero tzadik no desea permanecer en esta etapa de desarrollo y no desea aceptar semejante aflicción.  En lugar de eso se para ante Dios como representante del pueblo judío en el exilio y le implora que ponga fin a sus sufrimientos, demostrando su preocupación por el bienestar físico del pueblo.

Es entonces cuando Dios le concede al tzadik el poder de retornar a la perspectiva terrestre, egocéntrica y controlar a Dios, haciendo que El gire alrededor de la Tierra, dulcificando Sus decretos, este es el más grande placer de Dios. Esta es la diferencia entre Noé y Abraham. Noé no se desarrolló hasta el estado en que hubiera rezado por anular el decreto. Más bien aceptó que si Dios quiso destruir el mundo con un diluvio, entonces debe ser para bien, por eso simplemente dejó que pase, sin rezar por su generación. Este es el motivo de que no haya sido elegido para ser el fundador de la nación judía.

Abraham fue el primer judío porque no sólo trascendió su status primario egocéntrico de tener una fe completa en Dios; permaneció suficientemente humano como para preocuparse por el bienestar de sus contemporáneos, como Dios mismo lo desea. Sin embargo el tzadik no siempre gana, a pesar de lo mucho que trate, porque si ese fuera el caso la redención ya hubiera llegado hace mucho.

 


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Universidad de la Torá

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