sáb. Ago 17th, 2019

Los Siete Principios de Servicio Divino para los Gentiles Rectos

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Introducción
Llegar al no judío

Nuestra generación es la primera desde la dispersión del pueblo judío, en la cual el judío tiene la posibilidad (y por lo tanto la obligación) de llegar al no judío. El objetivo es crear un movimiento mundial entre los gentiles justos, la renuncia a falsas religiones y la aceptación de los siete preceptos de Noé.

Estos preceptos son los que Di-s le dió a Adam y a sus descendientes y después del diluvio, a Noé y a sus descendientes. Estos son obligatorios para toda la humanidad y fueron incluídos en la Torá cuando Di-s la entregó al Pueblo de Israel en el Monte Sinai. La Torá testifica que estos preceptos fueron por cierto aquéllos que Di-s entregó al hombre en el principio de la creación, y por eso es su fuente primordial y definitiva de autoridad.

La Torá, más adelante obliga a los judíos a enseñar e incentivar a todas las naciones de la tierra a aceptar estos preceptos. Un no judío que acepta los siete preceptos de Noé, reconoce que el propósito fundamental de su vida es servir a Di-s y establecer la paz en el mundo.


La Naturaleza del Alma

Toda alma humana posee 10 sefirot o poderes espirituales. Los tres primeros son intelectuales y los siete restantes se relacionan con las emociones.

Los tres poderes del intelecto son las fuerzas motivadoras principales del componente Divino del alma. Los siete poderes emocionales son las fuerzas motivadoras principales del componente del alma animal.

Esta es la razón por la cual gran parte de la identidad judía se basa en el principio de «tres». El pueblo judío desciende de tres patriarcas; en nuestras plegarias rezamos: «Di-s de Abraham, Di-s de Itzjak y Di-s de Iaacov». La bendición sacerdotal se compone de tres versículos (tres bendiciones individuales). Nuestros sabios dicen: «Bendito sea Di-s, el Misericordioso, quien otorgó una Torá que se compone de tres partes (los Cinco Libros de Moisés, Los Profetas y Los Hagiógrafos) a un pueblo que posee tres grupos (Sacerdotes, Levitas e Israelitas) en el tercer mes (Siván) por medio de tres ( Moisés Aarón y Miriam)».

Aunque el principio de tres es innato en la mente del alma Divina del judío, es secundario a nuestra fe absoluta en la Unicidad esencial de Di-s, que trasciende el poder de la mente. Los elementos Divinos del alma, al ceñirse a la sabiduría de la Torá, que une la mente del hombre a Di-s, se vuelven completamente conscientes del Uno absoluto, como está dicho: «Oye Israel, Di-s es nuestro Di-s, Di-s es Uno». (ver nota #1).

Los tres poderes intelectuales, en el estado innato del alma animal, están subyugados a los deseos terrenales de los siete poderes emocionales. Para corregir esta «confusión» fueron otorgados los siete preceptos de Noé.

La «rectificación» espiritual para un no judío consiste en refinar los siete poderes innatos emocionales al comprometerse a cumplir los siete mandamientos de Noé. De esta manera, la naturaleza primera e innata del no judío se transforma en una segunda naturaleza ya rectificada, que le permite «penetrar» en los tres niveles más altos de su alma y captar el «Uno». Esta percepción (muchas veces en forma repentina) lleva a los siete poderes emocionales a servir a los tres poderes Divinos y no al revés. Si un no judío descuida su obligación de observar sus siete preceptos, se queda sin poder percibir la verdadera unidad de Di-s y su consciencia puede llegar a caer en idolatría, con su engañosa adoración a: «los tres», las estrellas, la naturaleza, los yoguis, el panteón de los «dioses», el dinero, etc., etc. En resumen, la idolatría se puede definir como el culto a cualquier cosa o a cualquier persona que no sea el Único y verdadero Di-s.

Nota #1:

Por otra parte, la identidad innata del no judío se basa en el principio de «siete». Existen 70 naciones en la tierra que derivan de Noé. La esencia de estas naciones está en las siete naciones canaanitas que ocuparon la tierra de Israel antes que el pueblo judío la conquistara.

El número siete tiene también un significado especial en la tradición judía, denota «cariño». En palabras de nuestros sabios, «todos los siete son queridos». Por otra parte, para los no judíos los números representan una realidad general secular. Para ellos, el séptimo día de la creación no es cualitativamente diferente a los seis precedentes. Es un día de trabajo y de experiencia de Providencia e inminencia Divinas. Sin embargo, para un judío el séptimo día, el Shabat, es cualitativamente diferente de los restantes seis días de la semana. Es un día de descanso de los esfuerzos mundanos, un tiempo para experimentar la trascendencia Divina. El siete para el judío refleja unidad, mientras que para el no judío, pluralidad.

En el alma judía, los siete poderes emocionales están subordinados y sirven a la búsqueda espiritual de los tres poderes intelectuales. Las 70 almas de Israel que bajaron a Egipto están subordinadas a los tres patriarcas judíos.


Los siete preceptos de Noé

Como dijimos anteriormente, los siete preceptos de Noé corresponden a los siete poderes emocionales del alma. Éstos, a su vez, corresponden a las siete partes más importantes del cuerpo.

Sefirá

Precepto

Parte del cuerpo

Jesed
«benevolencia»

prohibición de cometer adulterio

brazo derecho

Gevurá
«poder»

prohibición de asesinar

brazo izquierdo

Tiferet
«belleza»

prohibición de
robar

torso

Netzaj
«victoria», «eternidad»

prohibición de adorar ídolos

pierna derecha

Hod
«esplendor», «reconocimiento», «agradecimiento»

prohibición de blasfemar

pierna izquierda

Iesod
«fundamento»

prohibición de comer la carne de un miembro extraído de un animal vivo o de tomar su sangre

organo de procrea-ción

Maljut
«reinado»

Establecer sistemas legales

boca

Es obvio que el adulterio es una perversión del amor y que el asesinato, del poder. El robo es una perversión de la belleza, ya que la belleza es la cualidad que le permite a la persona relacionarse con preocupación y consideración con su prójimo.

La fe verdadera en un sólo Di-s representa la victoria esencial del hombre contra el mal (cuyo único poder real es la capacidad de dar una dirección errónea a la fe del hombre) y además la vía de acceso a la eternidad. La perversión de la fe es la idolatría. La blasfemia («socia» de la idolatría) es una perversión de la aceptación y expresión del alma de agradecer a Di-s.

En tanto que los cinco primeros y el último de los mandamientos de Noé le fueron otorgados a Adam en el principio de la creación, el sexto le fue entregado a Noé por primera vez después del Diluvio. La Torá describe a Noé como el tzadik («el hombre recto»), el «fundamento» (iesod) de su generación. A las 10 primeras generaciones de la humanidad Di-s les ordenó ser vegetarianos. Después del Diluvio, Di-s le permitió a Noé y a sus descendientes comer todo tipo de carne animal, pero les prohibió comer los miembros amputados o beber la sangre de un animal vivo.

El séptimo precepto de Noé es el único positivo. Es el precepto de establecer sistemas legales para juzgar a aquéllos que transgreden los seis preceptos anteriores y, de esta manera, regular y rectificar a la sociedad. Este precepto corresponde al poder de maljut («reinado»), ya que la ley es la base de todo reino. Como dicen nuestros sabios: «La ley del reinado debe ser obedecida». Maljut recibe de los otros poderes del alma, como está dicho: «Todos los ríos (los seis poderes) llegan al mar (maljut)». En el cuerpo del hombre, maljut corresponde a la boca y su función es dirigir y controlar a la sociedad.

Cuando se disponen estos siete preceptos en una estructura de sefirot, que es conocida para los que estudian Cábala, nos queda el siguiente cuadro:

Gevurá
«Poder»
Asesinato

Jesed
«benevolencia»
Adulterio

Tiferet
«Belleza»
Robo

Hod
«Eternidad»
Blasfemia

Netzaj
«Victoria»
Idolatría

Iesod
«Fundamento»
Comer la carne de un miembro de un animal vivo

Maljut
«Reinado»
Establecer sistemas legales


Los Siete Principios de Fe

Cada una de las siete leyes de Noe posee una dimensión interna. Esta dimensión se refiere a los siete principios de fe y al servicio Divino, los cuales vamos a estudiar a continuación.

Para empezar, debemos tomar en cuenta un principio general. El tikún o «rectificación» del mundo depende de cómo los no judíos se relacionan con los judíos. Un no judío no puede ser un gentil recto si en su corazón siente una falta de afinidad por el pueblo de Di-s, a pesar de contar con múltiples buenas acciones y cualidades refinadas. Si un no judío odia a los judíos hasta el extremo de haber jurado destruirlos, la Torá lo considera parte de la nación de Amalek, archienemiga de Israel, a la que el pueblo judío fue encomendado aniquilar.

Cuando un no judío tiene un sentido de afinidad hacia los judíos, se hace digno de una inspiración que proviene de la fuente del alma de Israel. Le nace una motivación a ser una buena persona en todas las relaciones con su prójimo y a dedicar su vida al servicio Divino. La rectificación del mundo no judío en general depende de la inspiración y la revelación que recibe del pueblo judío que tiene el rol de ser «una nación de sacerdotes».

Siempre se puede extraer una «chispa» de bien, del mal. Por ejemplo, la religión principal no judía de la cultura occidental cree en un solo judío y lo adoran como si fuera Di-s. Ciertamente, ésta es una grave transgresión al cuarto precepto de Noé. Sin embargo, dentro de este contexto de mal se puede percibir un elemento de bien. La verdadera rectificación del mundo no judío va a llegar cuando se reconozca el propósito Divino ordenado a cada judío: Iluminar el mundo y traer la paz y la prosperidad universales. De esta manera, el no judío se va a ver atraído, con amor hacia el judío. Con un sentimiento existencial de shiflut («humildad») con respecto al pueblo judío (el que en su propia consciencia representa el epítome de la humildad ante Di-s y el hombre) el mundo va a reconocer el yugo del Reino de los cielos como se expone en la Torá y entonces, va a ser merecedor de la verdadera revelación.

La siguiente exposición de los siete principios espirituales de fe y de servicio Divino para un no judío, va a iluminar su dependencia en el alma del judío para su rectificación. La función inicial de cada principio es elevar la consciencia del no judío a un nivel más alto. Junto a la elevación de su consciencia adquiere una capacidad superior de expresar libre albedrío.

Cada uno de los poderes emocionales del alma (enumerados anteriormente: Bondad, poder, belleza, victoria, esplendor, fundamento y reinado) por sí mismo posee una dimensión interna. Éstas son (respectivamente): Amor, temor, misericordia, confianza, sinceridad, verdad y humildad. Ahora vamos a ver como cada una de ellas se relaciona con un estado de consciencia, es decir, un principio de fe y de servicio Divino.


Amor
Recreación Continua

No se necesita una inteligencia o una revelación sobrenaturales para darse cuenta que Di-s creó el universo. Nada se crea a sí mismo.

Sin embargo, la mente humana está atada al tiempo y pareciera ser que la creación tuvo lugar en un pasado remoto. Desde ese momento en adelante, pareciera como si el universo, con su cantidad fija de energía y materia, fue evolucionado naturalmente, únicamente que su forma sufrió cambios. Es decir, no existe ningún caudal nuevo de energía.

La consciencia de la Divinidad empieza con el reconocimiento de una continua recreación. Si Di-s no estuviera involucrado activamente, por así decirlo, en crear el mundo nuevamente cada instante, el universo entero se revertiría a la nada.

Para comprender esta continua recreación hay que experimentar el infinito amor que sintió Di-s por cada criatura. Sobre esto está dicho: «El mundo está construido en base al amor».

El alma arqueotípica del amor es Abraham. De hecho, las letras en hebreo de su nombre (Abraham) se pueden intercambiar y se transforman en la palabra hebrea «creación» (hibaram).

Un no judío que reconoce que su propia existencia y la de toda la realidad depende continuamente del amor infinito de Di-s (que es en esencia idéntico a la raíz del alma del primer judío) se llena de amor por el pueblo judío. Al respecto se dice que Abraham (junto a su esposa Sara) «hicieron» o «crearon» gentiles rectos.

La palabra «crear» en hebreo (bará) está estrechamente relacionada a la palabra hebrea (barí) que se utiliza para expresar «buena salud». Así como Di-s recrea el universo continuamente, del mismo modo lo sana. Para tener consciencia de la recreación continua es que Le proyecta a la persona el poder Divino de curación. La toma de consciencia de esta idea (tanto para el judío como para el no judío) cura a la persona y le otorga el poder para curar a otros.

El comienzo de la rectificación para un no judío es su reconocimiento de la recreación continua.


«Todo está en Manos del Cielo,
Salvo el Temor al Cielo»

Como se mencionó anteriormente, un no judío posee libre albedrío, por cuanto que él puede elegir entre cuidar o pasar por alto sus siete preceptos.Pero en un sentido más amplio, se puede elegir sólo una alternativa.Del dicho de nuestros sabios: «Todo está en manos del Cielo, salvo el temor al Cielo», entendemos que el libre albedrío del hombre se relaciona específicamente con su temor al Cielo.

En cierto sentido, este precepto está relacionado, en particular, con el servicio Divino del no judío.Existen dos versículos similares en el Libro de Salmos, que empiezan con la expresión «Sirve a Di-s…».El primero de ellos dice: «Sirve a Di-s con alegría…», el otro: «Sirve a Di-s con temor…».Nuestros sabios interpretan que la primera expresión se dirige particularmente a aquéllos que ya constituyen el pueblo de Di-s. El segundo versículo, se refiere a aquéllos que son gentiles en la actualidad. Es importante saber que la escala de fe puede ser escalada por cualquier ser humano; CUALQUIERA, cuya alma lo mueve a esa meta puede convertirse al judaísmo, y ser así, parte del pueblo de Di-s, una parte viviente de «el hijo de Di-s».

Existen muchos niveles de temor a Di-s. El nivel más básico para el gentil es el que lo motiva a abstenerse del pecado, es decir, el temor al castigo. El nivel más básico para el judío es el temor a Di-s como el Rey omnipotente del universo. A pesar que ambos se refieren al poder Divino para decretar la vida o la muerte, el primero no tiene un enfoque hacia el Rey Todopoderoso propiamente tal, sino exclusivamente al temor a Su castigo.

Cuando el temor del no judío se conecta al del judío, aquél también se vuelve capaz de experimentar al Rey propiamente tal y retornar a Él con temor reverencial. Ésta es la esencia del poder del libre albedrío en el alma del no judío. La única elección que la persona realmente puede hacer en la vida es si tornarse a Di-s o no. Fundamentalmente, el judío vuelve a Di-s por amor, el amor de un hijo hacia su padre. El no judío al principio retorna a Di-s por temor, el temor de un sirviente hacia su amo. Sin embargo, es el temor al alma judía lo que eleva el temor del no judío.

El mejor ejemplo en la Biblia de una sociedad no judía que retorna a Di-s es el relato del arrepentimiento de los habitantes de la ciudad de Ninive, registrado en el libro de Jonás. Los judíos leen esta historia en el momento más sublime del día más santo del año, Iom Kipur, el Día del Arrepentimento. Fue el alma de un judío, el alma de Jonás, que se convirtió en una herramienta en las manos de Di-s, para estimular a una multitud de almas no judías y hacerlos retornar a Él con arrepentimiento sincero. Encontramos en el texto que los habitantes de Ninive fueron motivados por temor al castigo. Sin embargo, al escuchar los milagros que Jonás experimentó, ellos a su vez, se inspiraron y fueron también testigos del sentido de reverencia por el Di-s de Israel.


Misericordia
Di-s Realiza Milagros

En el principio de la creación, Di-s vio que si creaba un universo en el cual cada indivíduo era juzgado exactamente según los méritos de sus acciones e intenciones, éste no podría existir. Entonces, Di-s combinó el atributo de misericordia con el atributo de justicia, y con ambos (misericordia antes del atributo de justicia), Di-s creó el mundo.

El orden natural de la creación refleja justicia Divina. La misericordia Divina, en cambio, se expresa en forma de milagros, definidos como la alteración de las leyes estrictas de la naturaleza. La misericordia Divina es para todas Sus creaciones, como está expresado en Salmos: «Di-s es bueno para todos y Su misericordia se extiende a todas Sus criaturas».

Como se explicó anteriormente, la recreación contínua es un acto de bondad Divina. Las leyes fijas de la naturaleza, que funcionan dentro de un tiempo y un espacio creado, reflejan el atributo Divino de poder y justicia. La «ley» fundamental de justicia Divina se define como «medida por medida». Di-s, en Su infinita misericordia (la dimensión interna del atributo Divino de belleza) hace manifiesto el reino sobrenatural.

Al reconocer el atributo Divino de misericordia, Su deseo y poder para cambiar el flujo de la naturaleza (no sólo en respuesta y en proporción a los méritos del hombre), se despierta un deseo en el corazón del hombre que lo lleva a tornarse hacia Él con devota adoración.

En la expresión de nuestros sabios, la plegaria es descrita como «(suplicante) misericordia». Rezamos para que Di-s milagrosamente cure a los enfermos, provea a los pobres de sus necesidades y bendiga al estéril con hijos. Pedimos claridad mental y del corazón para conocer a Di-s, y ser capaces de emular Sus caminos.

Nuestros sabios nos enseñan que la forma de despertar la misericordia Divina es a traves de emular Su atributo de misericordia, empatizar con el compañero y colmarlo de compasión. En sus palabras: Quienquiera muestre misericordia hacia otros se le mostrará misericordia de los cielos.

Al contemplar la historia, tanto el presente como el pasado, con toda seguridad, un no judío puede ver la maravilla de la misericordia Divina hacia Sus hijos, el pueblo de Israel. Incluso en tiempos de destrucción y exilio, la llama del pueblo judío nunca se ha extinguido (como dictarían las leyes de la naturaleza). Al contemplar este fenómeno, el no judío se conecta al atributo Divino de misericordia en su adoración a Di-s.

En nuestras plegarias describimos al Mashíaj (Mesías), que va a traer salvación al mundo entero, como un «mendigo suplicando piedad en el umbral de la puerta». Al reconocer los atributos y actos Divinos de misericordia hacia todos (y especialmente Su misericordia y los milagros a Israel), el no judío se conecta al alma del verdadero salvador de la humanidad.


Victoria (Creer)
Autotransformación

La victoria final en el alma del hombre, en el servicio a Di-s, es el triunfo de la inclinación del bien frente a la inclinación del mal de la persona. A tal grado, que la persona victoriosa en esta batalla espiritual, se hace meritorio de una metamorfósis del ser.

Sin embargo, la Torá no exige que todos los no judíos se conviertan completamente al judaísmo, mas sí se necesita que pasen por una semi-conversión para llegar a ser «gentiles justos». Los no judíos deben aceptar las siete leyes de Noé transmitidas a la humanidad por Moisés, el siervo de Di-s, en la Torá. Desde ese momento, ellos se transforman y adquieren un nivel superior de libre albedrío, como se describió anteriormente.

Con respecto al gentil recto, la Torá establece: «Y él debe vivir entre vosotros». Él puede vivir en la tierra de Israel y es obligatorio para el pueblo de Israel preocuparse de su bienestar.

La victoria posee una dimensión interna como ocurre con todos los poderes espirituales del alma. Esta dimensión es el poder de confianza en Di-s y el sentido de confianza en sí mismo, que nace de la aceptación del hecho que Di-s le otorga continuamente a cada individuo los recursos espirituales necesarios para rectificar su comportamiento y sus características personales, y de esa manera, transformarse en un ser prácticamente nuevo.

La victoria es una «rama» de la bondad. En el servicio Divino, la bondad corresponde al conocimiento de recreación continua. La victoria se hace alcanzable a través de saber que siempre es posible (y nunca es tarde) la rectificación y la transfomación del propio ser.

La victoria sigue a los tres estados previos de consciencia: El amor, el temor reverencial y la misericordia. Después de experimentar el amor que Di-s siente por la persona (que lo crea nuevamente a cada instante), el individuo se torna a Di-s con temor reverencial (el sello de manifiesto libre albedrío), lo que lo lleva a reconocer Su misericordia. El milagro más grande obrado por Di-s es el haber otorgado al hombre el potencial de rectificación (el atributo de victoria).

Aquí también, el no judío toma la iniciativa del judío. La victoria del judío causa la «ascención» de los niveles inherentes a su alma animal y la unión de estos niveles a la fuente de energía de su alma Divina. En un comienzo, el alma animal del judío viene de lo que se conoce en Cabalá como la «cáscara intermedia» (el estado del ser, que posee una mezcla de bien y mal). A medida que el no judío experimenta un proceso de semi-conversión necesario para transformarse en un gentil recto, comienza a ascender de su prisión espiritual dentro de los «tres niveles de impureza», para llegar a la «cáscara intermedia». Desde ese momento, el no judío se asemeja de alguna manera, al lado «secular» del judío. (Por esta razón es que se le ordena a la nación judía mantenerlos). Si quisiera convertirse completamente, adquiriría el alma Santa y Divina de Israel.


Sinceridad
«Yo Soy un Sirviente de Abraham»

Como ya se mencionó anteriormente, cada judío es un «hijo» de Di-s, mientras que un no judío tiene la finalidad de ser un «siervo» de Di-s. A pesar que un judío en esencia es siempre un hijo, cuando se sale de este status (al no manifestar la esencia de su alma Divina), es también descrito como un siervo. Si bien, en relación con la consciencia judía esto definitivamente constituye una caída, en relación con la creación como un todo, sirve a un propósito positivo. Como ya hemos visto, el judío tiene la obligación de mostrarle el camino a seguir al no judío. Cuando el judío demuestra el status de «siervo», inspira al no judío a llegar al mismo nivel y, de esta manera, ser un siervo de Di-s.

La consciencia de servidumbre se identifica en Cabalá con el atributo de esplendor, cuya dimensión interna es la sinceridad. Cuando se manifiesta esta dimensión, la persona se para frente a su amo con una sumisión total del ser y con un compromiso total de la voluntad. Este sincero estado de sumisión crea un aura de esplendor que envuelve tanto al amo como al siervo.

La sinceridad es la «rama» del temor reverencial. Cuando el no judío aprende el concepto de sumisión y de compromiso del judío, logra servir a Di-s con temor reverencial y regocijo simultáneamente.

La victoria y el esplendor (confianza y sinceridad) actúan como «socios», como ya fue explicado. Estos conceptos, representan para el no judío dos formas de «conversión». La victoria corresponde tanto a la conversión completa para ser un judío tal cual o a un proceso de semi-conversión necesario para convertirse en un gentil justo, como se define en la Torá. El esplendor corresponde a la «conversión» que lo lleva a ser un siervo confiable de Di-s, a través del compromiso de servir al pueblo judío.

El ejemplo clásico en la Torá de un gentil que mereció la conversión es Eliezer, el siervo canaanita de Abraham. Debido a la dedicación total a su amo, Abraham lo puso al cuidado de todos sus bienes. En su devoción sincera y absoluta a la voluntad de Abraham, Eliezer se hizo meritorio de dejar el reino de la «maldición» para entrar en el reino de la «bendición». Esto claramente representa una rectificación de la prohibición de Noé de «blasfemar», en particular, que, como ya se explicó, corresponde al atributo de esplendor o reconocimiento.

Cuando Eliezer proclamó: «Yo soy el siervo de Abraham» no se refirió a sí mismo con su nombre, ya que había alcanzado un nivel tan elevado de consciencia que no poseía identidad independiente. Como ya fue mencionado, un gran porcentaje del mundo no judío adora a un solo judío. El mundo no judío tiene que llegar a reconocer que todos los judíos son hijos de Di-s. El no judío debe esforzarse para ayudar a los hijos de Di-s a cumplir su propósito: Traer la redención al mundo. Sólo entonces, se va a revelar el verdadero Mashíaj.


Verdad
Providencia Divina

Nuestros sabios se refieren al atributo Divino de «verdad» como el «sello» de Di-s en la creación. Tal como un artista firma una pintura con su nombre, de la misma manera, el atributo de verdad es la «firma» de Di-s que está presente en todo elemento de la realidad. Esta «firma» Divina es la impresión eterna de la presencia y la providencia de Di-s. Ciertamente, Di-s y Su providencia son omnipresentes.

Di-s crea al mundo con amor. Obra milagros con misericordia. Da a conocer a la creación Su presencia y Su providencia con la verdad.

Se nos enseña que la Divina providencia (el ojo de Di-s) vigila y determina el destino, tanto inmediato como futuro, de incluso el elemento más pequeño de la creación. Es la Divina providencia la que mide y regula el pulso de la vida dentro de cada ser viviente, dotando a la vida de continuidad.

Existen dos niveles de consciencia con respecto a la Divina providencia. El primer nivel, es el reconocimiento de la conexión de Di-s con el destino de cada una de Sus creaciones. El segundo nivel, es el reconocimiento infinitamente superior de cómo el destino individual de cada criatura ayuda al propósito universal de Di-s. Todo suceso en el cosmos (desde el microcosmos hasta el macrocosmos) está entrelazado en forma muy compleja. Todos contribuyen al cumplimiento del propósito final de Di-s: «Hacer para Él una morada en el plano inferior».

Solamente cuando éste, el nivel más bajo de la realidad reconozca la luz trascendente que permea el universo, y de esa manera, se vuelve una parte de esa luz, entonces, la presencia de Di-s puede «morar» entre nosotros.
[ver: nota # 2]

En los Salmos encontramos: «Tus juicios llegan hasta el abismo, al hombre y al animal traerás salvación… ¡Oh, Di-s!» [ver: nota # 3]

nota # 2

La consciencia fundamental de providencia Divina está reflejada en el tzadik, el justo de Israel. En cada generación existe un tzadik,quien, en virtud de su estado de completamente rectificado, es el «fundamento del mundo».

Mientras más cerca esté la persona del tzadik de la generación, es mayor el nivel de consciencia que tiene respecto de la Divina providencia; especialmente la que se revela en la vida de la persona.

Con respecto a las almas no judías, que no tienen una conexión consciente con el tzadik (e Israel, en este contexto, puede ser visto como el tzadik del mundo en su totalidad), es prácticamente imposible que perciban la Divina providencia que los supervisa. En este estado, lo que ellos experimentan como providencia les «llega» sólo después de haber pasado varios niveles espirituales intermedios.

nota # 3

Nuestros sabios estudian este versículo como una referencia a la providencia individual de Di-s sobre toda la creación. En Cabalá se enseña que la salvación al mundo va a llegar cuando el «animal» se conecte al «hombre». Los términos «animal» y «hombre» son relativos.

Básicamente, «hombre» se refiere «al tzadik, el fundamento de la generación», ya que su consciencia es completa y «verdadera». Todas las otras almas (tanto judías como no judías) son diferentes niveles de «animal».

Tal como el «hombre» dirige al «animal», guiándolo para cumplir y realizar su potencial interno, de la misma forma el tzadik, es decir el «hombre» de la generación, el que es cabalmente consciente del propósito de Di-s en la creación, le da un sentido de dirección en la vida a todos aquéllos que se conectan a él. Él es el «emisario» más importante de Di-s en el mundo. Sólo él puede revelarle a los miembros de su generación la tarea Divina que le fue ordenada en la vida.

De esa manera, una vez más vemos que la sed de salvación del alma no judía sólo puede ser aplacada al apegarse al alma de Israel, en particular «al tzadik, el fundamento del mundo». El tzadik es, en realidad, el «sello» visible de Di-s en la creación, y la mirada de todas las criaturas debiera estar enfocada hacia él (para ser testigos de la Divina providencia , es decir, el «ojo» de Di-s en todos los episodios de la vida).


Humildad
Una Morada para Di-s

Una forma de entender la diferencia que existe entre un judío y un no judío es cosiderar al judío como dador y al no judío como receptor.

Todas las etapas del proceso creativo (la evolución de los mundos, la interacción entre ellos y su unificación final) dependen de la dinámica de dar y recibir. La voluntad para dar y la voluntad para recibir son las dos fuerzas cósmicas fundamentales.

La voluntad de dar es el principio «masculino» en la creación, mientras que la voluntad de recibir es el principio «femenino». La voluntad de dar es graficada en Cabalá como una proyección convexa. La voluntad de recibir, se retrata como un receptáculo cóncavo.

Para darse cuenta que uno es un recipiente vacío hay que experimentar la humildad existencial, es decir la dimensión interna del atributo Divino de reinado, el séptimo y último de los atributos emocionales del alma. Como «conclusión» de toda la experiencia emotiva, el sentido de humildad implica una dependencia total en la benevolencia de Di-s.

El deseo más profundo de Di-s en la creación es que nuestro estado de realidad (el más bajo) se transforme en una «morada» para Él, un hogar en el cual pueda revelar Su esencia absoluta, como se explicó anteriormente. La humildad en el alma es el estado de «hogar».

El «vacío» del recipiente se eleva y atrae hacia sí mismo la «proyección» del dador. Profundo, en el inconsciente del dador está el reconocimiento que el origen del receptor «precede» (en la esencia Divina) al origen de su propio ser.

Todas las almas desean ascender del nivel de «animal» a «hombre» (para afianzarse, por así decirlo, a la «firma» de Di-s representada por Israel, «el primogénito de Di-s»). El receptor es el que eleva desde abajo (mientras permanece abajo) la voluntad del dador para hacerlo descender y entrar en el «hogar» creado por él.

De esta manera, el propósito final del mundo no judío es hacer de este mundo un «hogar» acogedor, una morada apreciable para que el pueblo judío entre y la bendiga. Con eso, el dador y el receptor se conectan y la Divina Presencia desciende para iluminar la realidad inferior.

De esta manera, concluimos con el pensamiento que la relación rectificada del judío con el no judío es una sociedad, casi como una sociedad de marido y mujer. La esposa, es la fiel compañera, y con eso, expresa su humildad y dependencia existenciales hacia su marido, mientras que el esposo, sabiendo que el origen del alma de su esposa precede a su propia alma, despliega su propia humildad y dependencia existenciales hacia su mujer.

Di-s mismo es el «tercer socio» de todo matrimonio; y gracias a su poder es que el matrimonio se consuma y fructifica.


Cuadro Sumario

Temor

Temor a Di-s

Libre albedrío–Pararse frente a Di-s con temor reverencial

Benevolencia

Experimentar una continua recreación

Amor– Energía creativa

Misericordia

Tornarse a Di-s con plegarias – Suplicar Su misericordia

Reconocer la fuente de todas las bendiciones

Sinceridad

Servir al Rey

El sirviente simple y el sirviente fiel

Victoria

Metamorfosis espiritual

El gentil justo

Verdad

Divina Providencia

Salvación del «hombre y del animal»

Humildad

Convertirse en un recipiente

El poder inherente en el «recipiente» de «elevarse desde abajo»

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Judíos y No Judíos

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Esta semana: Parashá Vaetjanan

  • Parashat Vaetchanan agosto 17, 2019 Torah: Deuteronomy 3:23 - 7:11 Haftarah: Isaiah 40:1 - 40:26 https://hebcal.com/s/vaetchanan

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