mar. Sep 24th, 2019

Mashíaj y el Liderazgo Judío

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La Chispa de Mashíaj en el Alma Judía

De todas las enseñanzas transmitidas por el Baal Shem Tov, quizás no existe ninguna tan importante o esencial como los conceptos:

1) que El alma judía «es una parte de Di-s de lo alto»
2) que Cada alma posee una chispa del Mashíaj.

La Cabalá y el Jasidut otorgan cinco niveles o gradaciones al alma. Estos niveles se basan en las antiguas fuentes del Midrash: El «alma inferior» (nefesh) está relacionada con el comportamiento y la acción; el «espíritu» (ruaj) con las emociones; el «alma interior» (neshamá), con la mente; «viviente» (jaiá), se refiere al puente que existe entre el primer instante de consciencia interior y su origen supraconsciente; «único» (iejidá), a la unión absoluta del alma con Di-s, que se manifiesta por medio de la fe pura, la devoción absoluta y la aptitud continua de estar dispuesto a sacrificar la vida por Di-s.



En el quinto y más sublime de los niveles del alma, yejidá, es donde se unen los dos aspectos descritos por el Baal Shem Tov. La chispa de Mashíaj, el punto más profundo del alma, es la fuerza activadora que estimula el potencial de liderazgo. Así como la simple definición que el Mashíaj tiene la capacidad de redimir con éxito a todo el mundo, de la misma manera, la chispa del Mashíaj dentro de una persona define su instinto para mejorar el mundo a su alrededor en la forma que le sea posible. El deseo de rectificar la realidad y revelar santidad y Divinidad en el mundo (una característica fundamental del judaísmo de todos los tiempos) está, fundamentalmente, conectada con la misión redentora del Mashíaj. Cada judío que se contacta con este nivel del alma y empieza a desarrollar y a revelar esa chispa interna, acelera en la práctica la llegada del Mashíaj, el propósito último de todos los liderazgos judíos.

Esta idea fue hermosamente ilustrada por el Rebe Iosef Itzjak de Lubavitch, el «Frierdiker Rebe», cuando explicaba una sección de la Hagadá de Pesaj, que discute la fuente de la ley de recordar el éxodo de Egipto tanto en la noche como en el día. Ben Zomá, un sabio de la época del Segundo Templo, interpreta el versículo: «Para que recuerdes el día que partiste de Egipto todos los días de tu vida» de la siguiente manera: La expresión «los días de tu vida» se refiere a los días; al agregar la palabra «todos» incluye también a las noches. Por otra parte, los Sabios interpretan el versículo «los días de tu vida», refiriéndose a este mundo; «todos los días de tu vida» indica la era Mesiánica.

El Frierdiker Rebe señala que la traducción literal de las palabras de los Sabios en hebreo no es que «indica la era Mesiánica», sino que «todos los días de tu vida deben ser para traer al Mashíaj» con lo cual se alude al concepto que un judío debe dedicar toda su vida a un fin único y que incluye todo: Traer al Mashíaj. El último Rebe de Lubavitch, Menajem Mendel Schneerson le dio un nuevo significado a este concepto. Él le instruyó a sus seguidores a acercar la era Mesiánica, poniendo nuevo y aun mayor esfuerzo en enseñar al pueblo judío y al mundo en general, acerca de la gran visión y promesa contenida en la realidad de los tiempos Mesiánicos.

Incluso más allá de estudiar sobre Mashíaj, debemos dedicar todas nuestras energías hacia la meta sublime de acelerar la era Mesiánica. De esta forma, cada judío se transforma no sólo en un emisario de Di-s, sino que además ayuda realmente a crear la energía para traer al Mashíaj. Cuando los judíos toman conciencia de su chispa interna de Mashíaj, se hacen mensajeros de Di-s, trazando una luz futura de redención en el presente.

Di-s va a enviar al Mashíaj, el epítome del mensajero Divino, cuando existan suficientes mensajeros que hayan preparado el camino para él.

El Rebe de Lubavitch enseñó que el valor numérico de Mashíaj, 358, es igual a la palabra mensajero, 348 más una letra adicional, la iud, que equivale a 10. La letra iud, la más pequeña de todas las letras hebreas, caracteriza un estado de abnegación y dedicación total para cumplir la voluntad Divina, prerrequisito para un verdadero liderazgo. La letra iud también representa el nivel más alto del alma, Iejidá, cuya letra inicial iud simboliza el punto del Mashíaj dentro de cada judío, que espera ser dirigido hacia el cumplimiento del plan primordial de Di-s para la humanidad. Por lo tanto, al cultivar y llevar a cabo el potencial liderazgo dentro de nuestra propia realidad limitada, ciertamente, ayudamos a crear el clima espiritual adecuado para que Di-s sea el Rey y real gobernante del universo para revelarse completamente «como las aguas cubren el mar».

El Poder del Habla Rectificada

El sentido del habla y su capacidad de poner en marcha al mundo recae en el fundamento de la visión Bíblica del liderazgo. En la Torá hay dos versículos que aluden directamente a esta idea: «Existe sólo un líder de la generación y no dos líderes de la generación». La palabra que se utiliza en este versículo para «líder» es dabar, que literalmente significa «vocero». El hecho que la autoridad de un gobernante se basa en el poder del habla se extrae del siguiente versículo: «Ya que la palabra del rey es autoridad». Otra conexión entre el habla y el liderazgo se encuentra en el antiguo texto cabalístico Pataj Eliahu, donde cada una de las diez sefirot (los canales Divinos a través de los cuales Di-s crea el mundo) se identifica con una expresión que describe muy bien su esencia en una palabra. La última sefirá y la más trascendental es maljut («Reinado») es descrita como «maljut pe» («Reinado de la boca»).

La clara asociación entre habla y reinado (como se expresa en los versículos anteriores), se refiere fundamentalmente a la creación del mundo, llevada a cabo por Di-s, Rey de Reyes. Como está escrito: » El mundo fue creado por medio de diez aserciones». Estas diez aserciones corresponden a las diez veces «y Di-s dijo«, que está escrito en el relato de la Creación, y también hace referencia a las diez sefirot. El concepto del habla Divina como vehículo de la Creación está expresada en la plegaria diaria matutina: «Bendito es Aquél que habló y se hizo el mundo». El poder Divino de crear a través del habla se refleja en el hombre, que es creado «a imagen de Di-s». En el versículo «Y Di-s formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en las fosas nasales aliento de vida; y fue el hombre alma viviente». Onkelos traduce «alma viviente» como «espíritu parlante». Lo que nos separa de todas las otras criaturas vivientes es fundamentalmente la capacidad del habla. Junto a la facultad del habla viene el poder de gobernar: «Y Di-s los bendijo y les habló, diciendo: Sed fecundos y multiplicaos y llenad la tierra y sometedla; y tened dominio sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo y sobre todo animal que se mueve sobre la tierra».

La facultad metafórica de Di-s de hablar, que es en ÉL lo mismo que la acción, se refleja en la capacidad del hombre para poner en marcha la realidad que lo rodea a través del habla, ya sea en forma positiva o negativa. Todos hemos experimentado el dolor causado por palabras que hieren, también hemos compartido una conversación inspiradora, que ha logrado cambiar nuestro estado de ánimo, nuestras actitudes e incluso a veces nuestra vida entera. Del mismo modo, hemos escuchado una orden impartida por una autoridad que logra establecer el orden inmediato frente al caos. El Talmud, conociendo el poder del habla, describe a una persona que averguenza a otra en público como «asesino». Por otro lado, nuestros Sabios señalan un gran número de violaciones a la ley de la Torá causadas por lashon harrá (difamación). Un axioma que está presente en toda la Torá escrita y oral, es elegir cuidadosamente nuestras palabras para causar el bien y no el mal y, también, prestar atención en la emisión de éstas.

Hoy en día, como resultado de los avances, tanto tecnológicos como de los medios, se manifiesta la conexión que existe entre el habla y el liderazgo en un grado más alto que en ningún otro momento de la historia,. Nunca una persona ha tenido a su disposición la oportunidad de dirigirse a una audiencia tan amplia, con tanta rapidez y con la múltiple disponibilidad de frecuencias. Si es que entendemos toda comunicación como una extensión del habla, entonces, hoy en día, la televisión, las películas, las comunicaciones satelitales que permiten la conexión telefónica y la cobertura de noticias (en forma instantánea), el fax, el E-mail y el Internet, presentan al mundo una oportunidad sin precedentes de liderazgo, cooperación, resolución de problemas y armonía ampliamente efectivos. Sin embargo, como ocurre con cualquier fenómeno, un concepto errado de liderazgo puede llevar al mal uso de estas herramientas de comunicación, conduciendo al mundo a un abismo espiritual y desmoronar estructuras culturales sin dar nada positivo a cambio. El mundo fue testigo de cómo un hombre en Alemania, a través del uso «hipnotizante» del habla y de la propaganda fue capaz de causar estragos en todo el mundo a una generación completa. Especialmente, en política contemporánea, cuando de liderazgo se trata, vemos como los medios utilizan frases pegadizas de un minuto, reduciendo así en sobremanera el trato de temas complejos para que la gente capte, en pocas palabras o slogans, el mensaje que ellos quieren dar.

Otra conexión entre habla y liderazgo, se encuentra en uno de los textos más antiguos de la Cabalá, el Sefer Ietzirá (que se le atribuye al patriarca Abraham y de acuerdo a la mayoría de las autoridades fue editado por Rabi Akiva). El libro versa casi en su totalidad sobre las diez sefirot y las veintidós letras del alfabeto hebreo, las piezas que dan origen a la creación. En el Sefer Ietzirá, las veintidós letras están divididas en tres subgrupos, basados tanto en consideraciones gramaticales como espirituales: Tres letras «madres», siete letras «dobles» y doce letras «simples». Cada una de las doce letras simples es la fuente espiritual de uno de los doce meses del año y también de las doce tribus de Israel (los hijos de Yacov). El Sefer Ietzirá identifica más adelante cada letra con uno de los cinco sentidos en el alma y un miembro u órgano en el cuerpo.

La primera de las letras simples es la hei, el poder espiritual que se encuentra dentro del mes de Nisán, el primer mes del año. Este es el mes de Pésaj (pascua hebrea), cuando el pueblo judío fue liberado de la esclavitud de Egipto. La tribu asociada a este mes es Judá, la que fue bendecida por Yacov y Moisés para ser líder de todas las otras tribus. De la tribu de Judá descienden todos los reyes, más específicamente, el Rey David y su linaje, culminando con el Mashíaj, el descendiente de David. El sentido en el alma, asociado al mes de Nisán es el habla, y el miembro del cuerpo asociado con este mes es el pie derecho, que alude al empuje del liderazgo. La relación entre habla y liderazgo, implícito tanto en el mes de Nisán (designado en la Mishná y en la ley judía como el año nuevo de los meses y de los reyes judíos) como en la tribu de Judá (elegida proféticamente por Yacov y Moisés para ser la tribu líder) requiere una comprensión más profunda.

Con respecto al «sentido» del habla, nos referimos a éste en su estado rectificado, en oposición a lo mencionado anteriormente (las perversiones de los poderes de comunicación). La tribu de «Judá» como se mencionó anteriormente, contiene en su nombre una alusión al poder rectificado del habla (que está asociada con Nisán y con el habla). La raíz de la palabra «Judá«, hod, tiene diversos significados y cada uno está conectado con un aspecto particular del habla. Dependiendo del contexto, hod puede significar: Reconocer, agradecer, confesar o glorificar. Judá recibió el nombre de su madre Lea: «Esta vez agradeceré (hod) a Di-s». La capacidad de agradecer y reconocer comprende la actitud básica reflejada en los Salmos de David y en todas las plegarias formales posteriores como fueron formuladas por los sabios. Un judío al levantarse en la mañana declara: «Agradecido (modé, de la raíz hod) estoy delante de ti, Rey viviente y eterno, pues Tú has restituido misericordiosamente mi alma dentro de mí; Tu fidelidad es grande».

Un aspecto adicional de reconocimiento, conectado a otro significado de hod, es la capacidad de confesar malas acciones y faltas. La raíz de la palabra «confesión» vidui, es similar a la raíz de «Judá» hod. Cuando Judá se enfrentó a su nuera, Tamar, por la presunta infidelidad de ella, él confesó abiertamente su error, declarando en forma pública: «Ella es más recta que yo». A través de su confesión de culpabilidad, Judá se convirtió en la primera persona en la Torá que aceptaba su responsabilidad voluntariamente, lo que lo situó, de ahí en adelante como el ejemplo arqueotípico del arrepentimiento. De la misma manera, Su descendiente, el Rey David, demostró tener la fuerza de carácter para reconocer las faltas personales cuando se enfrentó al profeta Natán y declaró: «He pecado ante Di-s».

Cuando los diferentes significados de hod (reconocimiento, agradecimiento, confesión y gloria) se aplican al habla, se relacionan con las enseñanzas más importantes impartidas por el Baal Shem Tov. Él enseñó que todo servicio a Di-s es un proceso de tres etapas: Sumisión y humildad, hajnaá; separación y clarificación, havdalá; dulzura y rectificación, hamtaká.

HAJNAÁ: La primera etapa del servicio Divino, es decir, sumisión y humildad, corresponde a los aspectos anteriormente descritos de reconocimiento y agradecimiento, los cuales dependen de la aceptación de la realidad de una fuerza superior y el reconocimiento de nuestra necesidad de ajustar apropiadamente nuestro comportamiento.

HAVDALÁ: Separación y clarificación es la segunda etapa del servicio Divino, donde la Torá no es solamente un estudio, sino que juega un papel decisivo en dirigir nuestros pensamientos, habla y acción. En el párrafo que sigue al Shemá (la declaración cardinal de la unicidad de Di-s) se nos ordena: «Las enseñarás a tus hijos y hablarás de ellas al acostarte y al levantarte…» El Talmud comenta: «Hablarás de ellas y no de otras cosas», lo que implica que la Torá no debe ser enfocada como un simple estudio, sino más bien, como un completo estilo de vida. Cuando nos separamos de lo transitorio y mundano y nos sumergimos en la Torá, en ese momento, incluso el hecho de hablar acerca de aspectos «seculares» de la vida se pueden imbuir de espiritualidad y pueden servir de ejemplo para otros.

Esto se refleja en la declaración talmúdica:

«Incluso el hablar mundano de los sabios, es Torá».

HAMTAKÁ: El estado culminante del servicio a Di-s es hamtaká, dulzura y rectificación. Esto se relaciona con el significado más común de hod, «gloria», como en la frase: «La gloria del reinado». El nivel de habla al cual se alude aquí es el habla que «guía», elevando e inspirando a otros. El habla rectificada refleja el proceso creativo Divino y el poder que endulza la realidad.

Este poder se percibe claramente en el siguiente versículo: «La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime, mientras que una buena palabra lo alegra». La expresión «lo deprime» es interpretada por los sabios como «hablar francamente»; aliviar la preocupación del corazón y endulzar la realidad al «hablar francamente».

A pesar que el concepto del Mashíaj se refiere a un líder tanto político como militar, él va a conquistar al mundo a través de la palabra, al iluminar a todo Israel y al resto del mundo con la luz de la Torá. En ese momento se va a cumplir la profesía de Zefania:

«Ya que entonces convertiré a los pueblos en un lenguaje más puro, para que todos puedan proclamar el nombre de Di-s y puedan servirlo con consenso».

Humildad – La Rectificación del Ego del Líder

De acuerdo con Jasidut, el perfeccionamiento básico del carácter de un líder en potencia debe ser enfocado desde el área de la sumisión y la humildad. Paradójicamente, cuanto más consciente está uno de querer llegar a ser un sirviente de Hashem y un vehículo de Sus deseos, el ego rectificado puede liderar mejor a los demás: “Has Su voluntad como si fuera la tuya, para que Él haga tu voluntad como su fuera la Suya. Has que tu voluntad se anule ante Su Voluntad y de esa manera El hará que la voluntad de otros se anule frente a la tuya”.

La palabra central que representa al ser es “yo”, aní, אני, aparece en muchos versos refiriéndose al ego y al reinado. Adoniahu, el hijo del Rey David, que quiso reinar mientras David estaba vivo, comenzó su “campaña” con la frase “Yo reinaré”. En Cabalá esta afirmación es vista como el mejor ejemplo del ego no rectificado. El rey David, por el contrario, dijo de sí mismo: “porque pobre (aní, עני ) y desolado Yo soy”. En Cabalá, las letras alef y ain son intercambiables, como el presente caso en que la ain de la palabra “pobre” se transforma en la letra alef de “yo”. De este verso aprendemos que el proceso que lleva a rectificar el ego sólo ocurre a través ser conscientes en un principio y también posteriormente de nuestra pobreza y humildad existencial.

Otra hermosa alusión a la idea de clarificar la auto conciencia la encontramos permutando las letras de la palabra “yo”, aní, formando la palabra “nada”, ain. Una de las creencias básicas judías es que Dios creó el mundo “algo de la nada”, iesh meain, implicando que el universo no es eterno (como la ciencia pensó hasta la teoría del “big bang”) sino que tiene un “principio”. Las cualidades del ego y el líder rectificado son “creadas” de un sentido ser “nada” en relación con un Creador infinito y omnisapiente. Se dice de Dios: “En todo lugar que encuentras la grandeza de Dios, encontrarás Su humildad”. Cuánto más debe ser esto cierto cuando hablamos de un ser humano creado “a imagen de Dios”.

De acuerdo con la Cabalá y el Jasidut, la rectificación esencial del ego ocurre a través de la plegaria

Como lo afirmó el rey David: “y yo soy la plegaria”. La amidá,  la plegaria “silenciosa” recitada tres veces por día, se divide en tres secciones, correspondiendo a las actitudes fundamentales consideradas necesarias para que la plegaria refleje una relación verdadera y existencial con Dios: reconocimiento, pedido y alabanza. Además, sabemos que nuestras plegarias no deben ser completamente introvertidas y silenciosas, sino que hay que pronunciar las palabras aunque en voz baja, para que se transformen en habla, que a su vez se transforman en acción.

La declaración de los sabios: “Ojalá que la persona pudiera rezar todo el día”, no refleja un deseo de estar en la sinagoga rezando todo el día, sino más bien que nuestra “visión del mundo” surgiera del acercamiento continuo y humilde a Dios que engendra la plegaria. Paradójicamente, la palabra “humilde”, shafel, es numéricamente igual a la palabra “orgullo”, gaiut, 410. El ego y el orgullo, cuando se purifican y rectifican, dan el poder al individuo, especialmente al líder, de estimular e inspirar. Cuando el habla y el ego son purificados a través del crisol de la plegaria, como se expresa en las palabras de los Salmos: “Hablo en plegaria”, a lo que sigue un despertar de la compasión desde lo Alto, y desde dentro de uno mismo: “Yo hablo de justicia, poderoso para salvar”.

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Esta semana: Parashá Nitzavim

  • 24th of Elul, 5779 septiembre 24, 2019

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