jue. Sep 19th, 2019

Tres Conceptualizaciones de tiempo

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Podemos también correlacionar con las tres cabalot, otro conjunto de conceptos que expresan varias perspectivas de la relación entre tiempo y Creación.

El primero, que aparece en textos filosóficos como el concepto de ila v’alul («causa y efecto»), representa la dinámica temporal de causalidad, implícita en el modelo «evolucionario» de la Creación articulado por el Ramak. De acuerdo con este modelo, todo estado evolutivo en la Creación, es el producto de todas las etapas que le precedieron. Al contrario de otras concepciones de causalidad, que plantean una realidad determinística opuesta a la creencia fundamental de libre albedrío y responsabilidad moral, la causalidad de hishtalshelut está limitada a la dimensión externa (los «recipientes externos»), de la Creación, dejando actuar a la dimensión interna de «luz» o alma, de acuerdo con sus propios principios.

Verdaderamente, el enfoque de hitlavshut del Arí, el «investirse» del alma dentro de la realidad externa, implica una dinámica temporal completamente diferente dentro de la Creación, la de briá iesh m’ain («creación ex-nihilo«, de la nada). En el sistema del Arí, se describe la creación ex-nihilo, como un proceso a través del cual Di-s regenera continuamente la existencia, «en cada momento y momento», alternativamente nulificando la realidad, y luego reinvistiéndo un rayo de Su luz infinita en el vacío existencial resultante. Esta continua recreación, es responsable del pulso de vida que reverbera a través del cosmos, el persistente atrás y adelante (o «correr y retornar», como es llamado en cabalá), entre la «nada» Divina y el «algo» creado. Sin la dinámica de hitlavshut, uno simplemente está no «vivo» espiritualmente, más bien una «piedra rodante», inanimada, llevando a cabo un proceso físico sin percatarse de su libre alvedrío y potencial creativo.

A pesar de que el concepto de recreación continua, sugiere que el tiempo no es más que un momento presente eternamente recurrente desconectado del pasado (y entonces no determinado por él), no es esto lo que implica esto exactamente. El pasado colectivo de la Creación, enraizado en su fuente Divina, es conciliado en el presente por el rayo de luz infinita, que se inviste en cada reconstrucción de la realidad. Entonces la luz infinita o alma de la existencia, sirve para unir esta reconstrucción cuantitativa, en un acto simple e integrado de renovación Divina.

Sin embargo hay otro nivel de conciencia, que implica una aún más sublime apreciación de la relación entre el tiempo y la Creación. Este es el nivel de conciencia invocado por el Baal Shem Tov en su descripción de la Creación: la autoexpresión Divina en su máxima expresión. Ki mimja hakol: «porque todo emana de Ti»,no sólo el espíritu singular de la Creación, sino también su multiplicidad de forma.

Mientras que el Arí ve la Creación emanando de la «nada», el Baal Shem Tov la ve como emanando de Di-s en Si mismo. El Arí nos habla de la «nulidad» de la preexistencia, como sinónimo de la luz infinita de Di-s anulando toda otra realidad. Pero por más sublime que pueda ser, el dominio de la «luz infinita» no se puede comparar con el de su fuente última, la absoluta Esencia de Di-s, la que de acuerdo con el Baal Shem Tov, es el verdadero origen de la realidad.

En el contexto de tiempo que experimentamos, este nivel de conciencia lo lleva a uno a identificar una sincronización Divina de los marcos de referencia de tiempo, donde el pasado, presente y futuro existen simultáneamente dentro de la Creación. Este estado de conciencia paradógico, refleja de hecho la realidad Divina última, expresada por el Nombre esencial de Di-s de cuatro letras (Hava), una amalgama de las palabras haiah, hoveh e ihieh, «fue, es y será». Sólo trascendiendo los límites del «tiempo creado», incluso en su más profundo sentido, como un continuo momento presente, nos podemos aproximar a la verdadera naturaleza de la realidad.

Vemos entonces que hay tres etapas en la maduración de la conciencia, correspondientes a diferentes concepciones psicológicas del tiempo. El concepto clásico de tiempo, como una continua progresión de momentos fluyendo uno tras otro, refleja la conciencia de hishtalshelut; que en forma aislada puede llevarlo a uno a verse como una víctima de una realidad entrópica y determinística, con la consecuente limitación del potencial creativo.

La más esclarecida concepción del tiempo derivada de la conciencia de hitlavshut, permite a través de una constante renovación y creatividad, que en cada momento uno se libere del pasado, y descubra el rango de posibilidades inherentes en el continuo momento presente.

No obstante, únicamente la concepción supratemporal del tiempo, asociada con la conciencia de hashraá, le permite a uno la absoluta libertad de identificarse con Aquel quien creó el tiempo mismo. Este estado de conciencia, que se cristalizará en el tiempo de la redención universal, contiene la clave para liberar toda la Creación de sus ligaduras imaginarias de la conciencia personal, restaurando el verdadero rostro Divino de la realidad.

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  • 19th of Elul, 5779 septiembre 19, 2019

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